Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Sermones   Imprimir esta ventana

CONFERENCIA DE MEP (MINISTERIO EVANGÉLICO EN PRISIONES), PINOS REALES, 7 OCTUBRE, 2006.

Sermón: “Los cristianos inmaduros y la sabiduría divina” .

Pr. Joaquín Yebra.

Texto básico: 1ª Corintios 3:1-17.

Introducción :

El apóstol Pablo quiere que los cristianos de Corinto entiendan que la obra del Señor no puede hacerse en base a la sabiduría humana.

Por eso les dice en 1ª Corintios 2:4-5: “Ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu (Santo) y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.”

Es evidente que Pablo considera a los corintios creyentes carnales, pero eso no impide que los siga llamando “hermanos” , “recién nacidos en Cristo”, “creyentes inmaduros”…

Poseen el Espíritu, pero no viven rendidos a Él, por lo que Pablo tiene que darles la leche espiritual no adulterada, en vez del alimento sólido.

Es el mismo argumento del apóstol Pedro en 1ª Pedro 2:1-3: “Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, si es que habéis gustado la benignidad del Señor.”

La presencia de celos, envidias, luchas y contiendas entre los cristianos de Corinto deterioraba los efectos, el fruto, de las manifestaciones del Espíritu Santo…

Pablo les recuerda que en Cristo Jesús están llamados a la unidad, pero que centrados en ellos mismos están abocados a la desunión y a la disolución.

Por eso menciona su nombre y el de Apolos, para hacer comprender a los corintios que ellos son solamente hombres, y que las “facciones dentro de la iglesia son fracciones”

“¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores (“diakonoi”), “camareros” que sirven lo que el Señor les ha encargado hacer… “servidores por medio de los cuales habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor.” (1ª Corintios 3:5).

I) La figura agrícola de la comunidad cristiana :

Pablo emplea una figura agrícola para expresar la relación de los apóstoles con el Señor: “Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios.” (1ª Corintios 3:6).

Pablo sabe que el pueblo de Dios es llamado “jardín” y “viña” en las Escrituras, como, por ejemplo, en Isaías 5:7: “Ciertamente la viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel, y los hombres de Judá planta deliciosa suya.”

Y en Ezequiel 36:9: “Porque he aquí, yo estoy por vosotros, y a vosotros me volveré, y seréis labrados y sembrados.”

A cada siervo de Dios le es dada una labor para realizar: Uno labrará la tierra, otro plantará la semilla, y otro regará la tierra…

Toda esta labor demanda trabajo y esfuerzo, pero el crecimiento lo da Dios…

La labranza, la siembra y el riego son trabajos, pero el crecimiento es don…

Los siervos, después de haber hecho el trabajo requerido, sólo podemos esperar…

Es Dios quien produce los resultados, como leemos en Hechos 2:47: “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.”

La vida espiritual es don de Dios, no obra de las manos del hombre.

De ahí también se desprende que todos los siervos de Dios seamos iguales a los ojos del Señor, si es que estamos haciendo la labor encomendada por Él.

Esto no quiere decir que todos tengamos los mismos trabajos encomendados, sino que todas las labores son igualmente importantes, por cuanto, si han sido ordenadas por el Señor, apuntarán hacia la misma meta.

El Señor nunca olvida a ninguno de sus siervos, a quienes ha encomendado una labor, y dará su recompensa prometida en el día señalado:

“De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29-30).

Pablo quiere que los corintios entiendan que todos cuantos trabajan en la obra de Dios en Corinto son siervos y colaboradores, no competidores, sino obreros.

Lo que caracteriza a Pablo y a Apolos no es una raza o casta de superioridad, sino una dedicación a la labor de servir, encomendada por el Señor.

Por consiguiente, lo más noble que puede decirse de ellos es que son colaboradores en la obra de Dios…

Eso será igualmente lo más noble que podrá decirse de nosotros.

II) La figura arquitectónica de la comunidad cristiana :

A continuación, Pablo introduce una figura arquitectónica: El edificio; otra metáfora que el apóstol emplea en varias ocasiones, en 1ª y 2ª Corintios y en Romanos, cuyo origen está en la palabra profética de Jeremías 24:6: “Porque pondré mis ojos sobre ellos para bien, y los volveré a esta tierra, y los edificaré, y no los destruiré; los plantaré y no los arrancaré.”

El edificio, al igual que la labranza, ha de realizarse “según lo que a cada uno concedió el Señor” (1ª Corintios 3:5).

La obra cristiana no puede llevarse a cabo sino en base a los dones recibidos.

Pablo se presenta como “perito arquitecto” , expresión que usa en 1ª Corintios 3:10:

“Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como sobreedifica.”

Pablo reconoce haber puesto un fundamento, literalmente, “haber construido sobre unos cimientos” , condición absolutamente imprescindible para la construcción firme, sólida y estable de un edificio.

¿Y quién es ese fundamento, ese cimiento estable? Responde Pablo en 1ª Corintios 3:11: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.”

¿Por qué tiene Pablo que recordarles a los corintios que solamente Jesucristo es cabeza de la iglesia?

¿Por qué tiene que instruirles respecto a que nadie puede aspirar a ser el fundamento de la iglesia, ni María, ni Pedro, ni ninguno de los apóstoles?

Probablemente porque habían surgido facciones que pretendían hacer de alguno de los apóstoles fundamento de la iglesia.

Por eso Pablo tuvo que insistir ardientemente en este sentido en diversas ocasiones:

Efesios 1:22-23: Y sometió todas las cosas bajos sus pies, y dio a Jesucristo por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.”

Efesios 4:15-16: “Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor.”

Colosenses 1:18: “Jesucristo es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia.”

Colosenses 2:10: “Y vosotros estáis completos en Cristo, que es la cabeza de todo principado y potestad.”

III) Somos llamados a sobreedificar, pero no de cualquier manera :

Jesucristo, cabeza y fundamento de la iglesia, es el cimiento sobre el cual podemos sobreedificar, en función de los dones recibidos de parte del Señor:

“Cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará.” (1ª Corintios 3:10-13).

La mención de los diversos materiales es significativa: El oro, la plata y las piedras preciosas nos hacen pensar en elementos de ornamentación, pero ¿a quién se le ocurriría emplear heno y hojarasca en la estructura de un edificio?

Es evidente que Pablo está pensando en materiales inflamables y no inflamables, es decir, en figuras que nos hacen pensar en el hecho de que nuestra obra sobre el fundamento de Jesucristo será probada en el día del juicio, y que el elemento probador será el fuego divino:

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón.” (1ª Tesalonicenses 5:4).

“El Señor Jesucristo se manifestará desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron.” (2ª Tesalonicenses 1:7-10).

“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.” (1ª Pedro 1:7).

Todas las obras construidas sobre cualesquiera fundamento que no sea nuestro Señor Jesucristo y su obra salvadora en la Cruz del Calvario, será como madera, heno y hojarasca…

El fuego de Dios las probará, quemará y acabará con ellas…

“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.” (2ª Pedro 3:10).

Sólo la sobreedificación hecha sobre el cimiento estable de Jesucristo y su obra permanecerá…

El fuego quemará todas las impurezas del oro, la plata y las piedras preciosas…

Sólo esa obra recibirá recompensa: “Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa.” (1ª Corintios 3:14).

Los que sobreedificaron con madera, heno y hojarasca, no recibirán recompensa, pero estos discípulos inmaduros, por ser discípulos, no se perderán ellos mismos, por cuanto la salvación eterna no dependerá de nuestros méritos, sino de la gracia benevolente y misericordiosa de nuestro Señor:

“Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.” (1ª Corintios 3:15).

Esta última expresión podría traducirse diciendo: “como si hubiere escapado a través del fuego”.

Es la misma expresión que hallamos en el texto de Oseas 4:11: “Os trastorné como cuando Dios trastornó a Sodoma y a Gomorra, y fuisteis como tizón escapado del fuego.”

La salvación no será sobre la base de la calidad de nuestras obras, sino sólo, única y exclusivamente sobre el fundamento de la generosidad de la gracia divina.

La perdición eterna será para “ quienes no conocieron a Dios, ni obedecieron al evangelio de Jesucristo.”

IV) No debemos olvidar que la iglesia es templo de Dios:

Pablo tiene que recordar a los corintios que la iglesia del Señor es su templo:

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? (1ª Corintios 3:16).

“Vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.” (2ª Corintios 6:16).

“Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu.”

(Efesios 2:19-22).

En 1ª Corintios 6:19-20, Pablo les recuerda a los corintios que cada cristiano es templo del Espíritu Santo:

¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.”

Lo mismo nos enseña el apóstol Pedro en 1ª Pedro 2:4-5: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.”

El verdadero templo de Dios está formado por corazones en los cuales mora el Espíritu Santo…

El verdadero templo de Dios es la comunidad creyente…

Incluso la comunidad de los corintios, a pesar de su inmadurez, era templo del Espíritu Santo.

Su problema, como el de tantos cristianos y tantas comunidades de nuestros días, no era no poseer el Espíritu, sino, antes bien, no dejarse poseer por el Espíritu.

Y la existencia de facciones dentro de la iglesia es uno de los más evidentes indicadores de este problema, por cuanto las facciones tienden hacia la división, mientras que el templo de Dios es una unidad.

Un edificio partido en trozos no es un edificio, sino una ruina…

El templo de Dios es santo porque Dios ha querido que la comunidad creyente sea el ámbito del Espíritu.

Cuando el apóstol Pablo les pregunta a los corintios si ignoran que son el templo del Espíritu Santo, les está llamando la atención al hecho de su división, y los beneficios que están perdiéndose.

V) La unidad del templo es sagrada, y las consecuencias de su destrucción serán fatídicas .

En 1ª Corintios 3:17 el apóstol Pablo advierte seriamente a los corintios que un juicio severo espera a quienes atentan contra la unidad del templo de Dios:

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.”

Pablo nos recuerda a todos que cada uno de nosotros somos parte de un templo, y que, por consiguiente, formar partidos, facciones, y todo cuanto colabore a favor de la desunión y contribuya a la destrucción de la unidad del templo, provocará nuestra propia destrucción.

Pablo les recuerda a quienes estaban causando divisiones en la iglesia de Corinto que estaban cometiendo un terrible sacrilegio.

La unidad y la santidad caminan siempre mano en mano…

Conclusión :

Formar parte de la iglesia de Jesucristo implica ser parte de una unidad santa e indivisible.

La iglesia de Jesucristo es comunidad de creyentes, templo escogido del Dios que, a diferencia de los ídolos, no habita en templos hechos de manos humanas, sino en los corazones de carne de quienes le entregan su vida.

Nada impuro ni profano debe violar la sacralizad y unidad del cuerpo de Cristo, del cual sólo Jesucristo es fundamento y cabeza.

Ser obreros nos hace ser compañeros y colaboradores, nunca rivales enfrentados.

Quiera el Señor que estas amonestaciones y advertencias de la Palabra de Dios gobiernen vuestros corazones como obreros del MEP, y a todos nosotros en cada uno de nuestros ministerios asignados por llamamiento divino.

Amén.