Pr. Joaquín Yebra.
1ª Juan 5:19-20 : “Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.”
Juan 18:36 : “Respondiendo Jesús, dijo: Mi Reino no es de este mundo.”
Lucas 12:31 : “Mas buscad el Reino de Dios, y todas estas cosas (comida, bebida, ropa y techo) os serán añadidas.”
Juan 16:33 : “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad yo he vencido al mundo.”
Introducción :
Juan el Bautista era un hombre austero que usaba ropa tosca, pieles de camello amarradas con un ceñidor de cuero.
Comía langostas ( saltamontes ) y miel silvestre que encontraba entre las peñas.
Juan era un profeta con un mensaje muy sencillo: Daros la vuelta, dejad atrás vuestra vida de pecado, y bautizaos .
Pero también les decía a quienes le preguntaban si él era el Mesías:
Juan 1:20, 23-27 : “Yo no soy el Cristo… Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías. Y los que habían sido enviados eran de los fariseos. Y le preguntaron, y le dijeron: ¿Por qué, pues, bautizas, si tú no era el Cristo, ni Elías, ni el profeta? Juan les respondió diciendo: Yo bautizo con agua; mas en medio de vosotros está uno a quien vosotros no conocéis. Este es el que viene después de mí, el que es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correo del calzado.”
I Como resultado de la predicación de Juan el Bautista se desencadenó un gran despertamiento espiritual a lo largo de Israel .
Mucha gente dejó sus hogares y sus trabajos y se fueron al desierto para escuchar el mensaje de Juan el Bautista:
Mateo 3:1-6 : “En aquellos días vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea, y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. Pues éste (Jesús) es aquel de quien habló el profeta Isaías, cuando dijo: Voz del que clama en el desierto; preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Y Juan estaba vestido de pelo de camello, y tenía un cinto de cuero alrededor de sus lomos, y su comida eran langostas y miel silvestre. Y salía a él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.”
Pero Juan siempre les decía:
Juan 3:28-36 : “Vosotros mismos me sois testigos de que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. El que tiene la esposa es el esposo; mas el amigo del esposo, que está a su lado y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo; así, pues, este mi gozo es cumplido. Es necesario que Jesús crezca, pero que yo mengüe. El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos. Y lo que vio y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. El que recibe su testimonio, éste atestigua que Dios es veraz. Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida. El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.”
Fue en aquellos días cuando Jesús fue a Juan para ser bautizado por él.
Cuando Juan le vio acercarse, dijo:
Juan 1:29-34 : “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Después de mí viene un varón, el cual es antes de mí, porque era primero que yo. Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua. Y también dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.”
Efectivamente, Jesús fue a Juan para ser bautizado por él, pero nos dice Mateo 3:13-17 que:
“Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él. Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz en los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.”
II Mientras la popularidad de Juan el Bautista decaía, y la de Jesús aumentaba, Herodes Antipas, uno de los hombres más poderosos de Israel en aquellos días, centró su atención en el Bautista .
Herodes Antipas era hijo de Herodes el Grande, quien había muerto unos dos años después del nacimiento de Jesús, en el año 33 d.C.
La dinastía de los Herodes fueron reyes idumeos, es decir, medio judíos, en Israel, pero su poder estaba limitado y servían al antojo de la ocupación de Roma, la cual no quiso mantener el control directo de la Siria Palestina , que es como los romanos llamaban a Israel, después de que Pompeyo conquistara el territorio.
La familia de Herodes fue muy disfuncional…
El fundador de la dinastía, un reyezuelo paradójicamente llamado “Herodes el Grande” , se sintió amenazado por el nacimiento de Jesús de Nazaret, y mandó matar a todos los pequeños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores.
Se casó con diez diferentes esposas y tuvo hijos con cinco de ellas.
Herodes el Grande, en su ambición por el dominio y la riqueza, se casó con Mariamne, hija del Sumo Sacerdote Simeón, con lo que sus ansias de poder se vieron muy recompensadas.
De ese modo, accedió a la casa de los Asmoneos, la dinastía sacerdotal de la época, descendientes de los Macabeos, uniendo de esa forma lo que nosotros llamaríamos hoy “la corona y la iglesia” .
Como despreciaban a los plebeyos y no mantenían relaciones con otras familias de la realeza, muchos de los medios hermanos y medias hermanas y primos se empezaron a casar entre sí.
Herodes Antipas, hijo de Herodes el Grande, se casó con su propia sobrina, Herodías, quien había estado casada con Felipe, un medio hermano de Herodes.
Cuando Herodes Antipas llamó a Juan el Bautista, seguramente había urdido un plan para ganarse al profeta.
Quizá ofreciéndole un cargo en su corte, para que dejara de incordiar…
Pero Juan tendría que moderar su mensaje.
Sin embargo, el Bautista le habló al rey con la misma sinceridad que lo hacía a las gentes sencillas del pueblo.
Juan le había mostrado a Herodes que no le era lícito tener a la mujer de su hermano, a quien había alejado de su marido para casarse con ella.
Herodes Antipas, quien había crecido dentro de las tradiciones hebreas y conocía las Sagradas Escrituras, sabía que Juan el Bautista hablaba con la verdad.
Pero la esposa de Herodes estaba molesta con aquel desgarbado profeta del desierto…
¿Quién se creía que era para juzgar la forma de vida de la familia real?
¿Cómo podía atreverse a hablar abierta y críticamente acerca de los asuntos íntimos de los reyes?
Herodes Antipas pensaba que arrojando a Juan en un calabozo, con el paso del tiempo su mujer Herodías se calmaría y le olvidaría, y Juan moderaría y suavizaría su mensaje.
Vamos a leer el relato en el Evangelio de Mateo 14:1-12 :
“Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla. Y Herodes quería matarle, pero temía al pueblo; porque tenían a Juan por profeta. Pero cuando se celebraba el cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó a Herodes, por lo cual éste le prometió con juramento darle todo lo que pidiese. Ella, instruida primero por su madre, dijo: Dame aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. Entonces el rey se entristeció; pero a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, mandó que se la diesen, y ordenó decapitar a Juan en la cárcel. Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre. Entonces llegaron los discípulos de Juan, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.”
Aunque la muerte de Juan el Bautista parece una escena de una tragedia shakesperiana, de hecho es un suceso histórico.
Hoy es posible ir a Jordania y visitar las ruinas del castillo de Herodes en la costa este del Mar Muerto.
Se puede entrar en los calabozos y ver las cadenas que siguen colgando de los muros, donde Juan el Bautista estuvo encarcelado, donde fue decapitado y donde fue derramada su sangre.
Juan no estuvo dispuesto a dejarse atrapar por el estado secular, representado por Herodes Antipas.
No estuvo dispuesto a suavizar su mensaje para que no resultara ofensivo a la corte.
Tampoco los primeros cristianos estuvieron dispuestos a adaptar su mensaje a los tiempos y las circunstancias.
De ahí la persecución horrible de los emperadores romanos, hasta que Constantino comprendió que sólo podría vencerlos desde dentro, atrayendo a la Iglesia hacia las fauces del estado.
III Tampoco Jesús, nuestro Señor y Salvador personal, eterno y todo suficiente, única cabeza de su Iglesia, estuvo dispuesto a bajar el listón y dejarse atrapar por los reinos de este mundo .
Ya desde el mismísimo principio de su ministerio público, Jesús había sido tentado con el dominio de los reinos de este mundo:
Mateo 4:8-9 : “Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás.”
También aquellos que habían comido de los panes y los peces que Jesús había multiplicado, “viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.” ( Juan 6:14-15 ).
Después de que Juan el Bautista fue ejecutado, algunos de sus seguidores enterraron su cuerpo, y se desplazaron hacia el norte, hacia Galilea, para encontrarse con Jesús y sus discípulos y discípulas y darles la noticia.
Cuando los discípulos de Juan le dieron la noticia a Jesús de la muerte del Bautista, el Señor decidió ir a un sitio tranquilo, lejos de la muchedumbre, donde poder descansar…
Pero no pudo hacerlo, porque la gente fue por tierra a esperarle en la otra orilla del lago:
Mateo 14:13-14 : “Oyéndolo Jesús, lo que le había acontecido a Juan el Bautista, se apartó de allí en una barca a un lugar desierto y apartado; y cuando la gente lo oyó, le siguió a pie desde las ciudades. Y saliendo Jesús, vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, y sanó a los que de ellos estaban enfermos.”
Luego, al anochecer, Jesús tomó los cinco panes de cebada y los dos peces que tenían para compartir entre el grupo de los discípulos, y los multiplicó de tal manera que comieron y se saciaron como cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños, y sobraron doce cestas llenas de pedazos.
Después de aquellas cosas, llegaron unos fariseos que amaban a Jesús y le advirtieron del peligro:
Lucas 13:31-33 : “Aquel mismo día llegaron unos fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar. Y Jesús les dijo: Id, y decir a aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra. Sin embargo, es necesario que hoy y mañana y pasado mañana siga mi camino; porque no es posible que un profeta muera fuera de Jerusalem.”
IV Jesús no sólo NO procuró el favor para su ministerio ni del estado secular ni de las autoridades religiosas, sino que los confrontó y desafió .
Durante la semana siguiente a su entrada triunfal en Jerusalem, Jesús acudía a diario al templo, donde enseñaba abiertamente a las gentes a la puerta del edificio.
Después, cada tarde regresaba a la casa de sus amigos Lázaro, María y Marta, en Betania, donde pasaba la noche y descansaba.
Un día, los sacerdotes del templo le interrumpieron y preguntaron con qué autoridad enseñaba al pueblo:
Lucas 20:1-8 : “Sucedió un día, que enseñando Jesús al pueblo en el templo, y anunciando el evangelio, llegaron los principales sacerdotes y los escribas con los ancianos, y le hablaron diciendo: Dinos: ¿con qué autoridad haces estas cosas? ¿O quién es el que te ha dado esta autoridad? Respondiendo Jesús, les dijo: Os haré yo también una pregunta; respondedme: El bautismo de Juan, ¿era del cielo, o de los hombres? Entonces ellos discutían entre sí, diciendo: Si decimos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis? Y si decimos, de los hombres, todo el pueblo nos apedreará; porque están persuadidos de que Juan era profeta. Y respondieron que no sabían de dónde fuese. Entonces Jesús les dijo: Yo tampoco os diré con qué autoridad hago estas cosas.”
Quizá dos de las mayores provocaciones de Jesús sean, primeramente, cuando dirigiéndose a los principales sacerdotes y a los ancianos del pueblo les dijo quiénes iban delante de ellos al Reino:
Mateo 21:31-32 : “De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios. Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y la rameras le creyeron; y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.”
Y la segunda, cuando les relató una parábola en la que las autoridades del templo pudieron verse perfectamente retratadas:
Marcos 12:1-12 : “Un hombre plantó una viña, la cercó de vallado, cavó un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y a su tiempo envió un siervo a los labradores, para que recibiese de éstos del fruto de la viña. Mas ellos, tomándole, le golpearon, y le enviaron con las manos vacías. Volvió a enviarles otro siervo, pero apedreándole, le hirieron en la cabeza, y también le enviaron afrentado. Volvió a enviar otro; y a éste mataron; y a otros muchos, golpeando a unos y matando a otros. Por último, teniendo aún un hijo suyo, amado, lo envió también a ellos, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. Y tomándole, le mataron, y le echaron fuera de la viña. ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá a los labradores, y dará su viña a otros. ¿Ni aun esta Escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo; el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Y procuraban prenderle, porque entendían que decía contra ellos esta parábola; pero temían a la multitud, y dejándole, se fueron.”
Las autoridades del templo que escucharon esta parábola de Jesús supieron perfectamente que el Maestro se refería a ellos:
Los siervos de aquella historia eran los profetas del Antiguo Testamento que habían sido perseguidos en tiempos pasados por proclamar la verdad de Dios a los reyes corruptos y a las autoridades religiosas vendidas al poder secular y a los intereses mundanos.
Y el hijo del dueño del viñedo era una clarísima referencia a la propia persona de Jesús.
V Nuestro Señor Jesucristo le dijo la verdad al poder, y nos deja la clave para que su Iglesia también pueda hacerlo .
A partir de aquel momento no dejaron a nuestro Señor un solo instante sin el acoso de los espías que le acechaban para atraparle en sus propias palabras.
Lucas 20:19-26 : “Procuraban los principales sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque comprendieron que contra ellos había dicho Jesús esta parábola; pero temieron al pueblo. Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces Jesús les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios. Y no pudieron sorprenderle en palabra alguna delante del pueblo, sino que maravillados de sus respuestas, callaron.”
Dos cosas importantes se desprenden de esta respuesta de nuestro Señor:
La primera de ellas es que el imperativo “dad” , griego “apódote” , es forma verbal del griego “apodídomi” , cuyo sentido es el de “dar como devolución, como recompensa”, “pagar”, devolver un favor”, “recompensar”, “dar”, “entregar” y “cumplir” .
Por consiguiente, lo que Jesús les está diciendo es que devuelvan al César una parte de los favores y prebendas que de él reciben…
Que sean contribuyentes de su benefactor.
En segundo lugar, sabemos por fuentes extraescriturales que las monedas que se acuñaban en Palestina eran las de menos valor, y no llevaban la imagen ni la inscripción de César, mientras que las que llevaban su efigie era las de más alto valor, como en este caso, donde la voz que traducimos por “moneda” es el original griego “denario” , moneda que correspondía al salario de un día entero de trabajo.
De ahí se deduce que la moneda que Jesús pidió prestada para impartir esta lección no era una pequeña pieza fraccionaria de las acuñadas en Palestina, sino una moneda de más valor, con la efigie de César y la inscripción de su nombre.
Sus poseedores, que recibían favores de César, lógico era que devolvieran parte de sus prebendas a su protector y patrocinador.
La vida de Jesús estuvo dedicada a dar testimonio de la verdad.
Y ese testimonio fue para todos, sin acepción de persona.
Afligió a los poderosos, pero alegró a los pobres…
Irritó a los encumbrados, pero consoló a los sencillos…
Expuso la corrupción de los asentados en el poder…
Dijo la verdad a todos, sin comprometer la Palabra de Dios para obtener beneficio alguno.
Y se atrevió a decir la verdad en todo momento y circunstancia, porque no buscaba premios, galardones, reconocimientos, aclamaciones, ni placas ni medallas.
De ahí que les dijera: “¿Cómo podéis vosotros creer pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?” ( Juan 5:44 ).
Antes bien, su proclamación de la verdad le condujo día a día y paso a paso a la agonía de la Cruz.
Jesús, al igual que los profetas del Antiguo Testamento, y como Juan el Bautista, no aporrearon las puertas de los castillos y palacios en busca de subvenciones ni prebendas.
Por el contrario, su único sustento, para Él y los suyos, provino de sus discípulas:
Lucas 8:1-2 : “Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él, y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes.”
Es inimaginable pensar que Jesús quisiera una Iglesia vinculada al estado secular, ni a ninguna institución de este mundo.
Es inimaginable creer que Jesucristo pudiera pensar en una Iglesia sostenida con dinero procedente de impuestos estatales, cuyo origen no excluye a la droga, los casinos, la prostitución, el tráfico de armas y un largo etcétera que debería sonrojar a quienes pierden la dignidad y los principios por el vil metal.
VI Las Sagradas Escrituras en general, y el Nuevo Testamento en particular, dan claro testimonio de lo que podemos esperar de los poderes de este mundo .
La práctica de los profetas del Antiguo Testamento, de Juan el Bautista y de nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo no puede ser más evidente al respecto.
Después vendrá la historia de la Iglesia , y comprobaremos que primero la persecución y después la unión y el patrocinio de la Iglesia no han sido sino la materialización de aquel adagio que dice: “Cuando no puedas vencer a tu enemigo, únete a él.”
Así podemos comprender mejor el viejo principio Bautista que nos ha distinguido durante muchos siglos, y que tristemente hoy pasa por un momento de gran debilitamiento ante el fulgor del poderoso caballero don dinero … Dice así:
“ La Iglesia de Jesucristo no necesita el sostenimiento del poder civil. Toda intervención en este sentido no es protección sino piedra de tropiezo para los fines cristianos. Tal cosa crea profesantes pero no creyentes. Sólo las metas conseguidas por el evangelio y el amor de Jesucristo tienen la bendición de Dios. La iglesia debe ser sostenida y proyectada por los hombres y mujeres que han entronizado a Jesucristo en sus vidas, sin ningún otro compromiso.”
Esta última palabra, “compromiso” , es la clave para comprender la postura de los profetas del Antiguo Testamento, de Juan el Bautista y de nuestro Señor y Salvador Jesucristo respecto al poder del estado secular y demás fuerzas con pretensiones de injerencia en la obra de Dios.
Cuando la Iglesia entra bajo el auspicio del estado secular o cualquier otro señorío del mundo, o bien no renuncia al mismo, debe saber que, como advierte el Señor en Apocalipsis, y como se constata en la historia, se produce la pérdida del primer amor… y su candelero será quitado de su lugar… ( Apocalipsis 2:4, 5 ).
Cuando la Iglesia mantiene su dignidad y renuncia a los patrocinadores mundanos, experimentará pruebas, persecuciones, dolores y tribulaciones…
No es nada nuevo, por cuanto ha acontecido muchas veces antes de nuestros días.
Pero la promesa de la corona de la vida es para los vencedores , los dispuestos a ser fieles hasta la muerte…
Los que tienen oído para oír lo que el Espíritu Santo dice a la iglesias…
Los que no sufrirán el daño de la segunda muerte . ( Apocalipsis 2:10-11 ).
¿Es imaginable una Iglesia de Jesucristo auspiciada por el poder estatal después de leer en el Salmo 2 lo que acontecerá al final de los tiempos?
Salmo 2:1-6 : “¿Por qué se amotinan las gentes, y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y los príncipes consultarán unidos contra el Señor y contra su Ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; el Señor se burlará de ellos. Luego hablará a ellos en su furor, y los turbará con su ira. Pero yo he puesto mi Rey sobre Sión, mi santo monte.”
La Iglesia naciente supo decirle al estado quién es su único Rey y Señor, como lo hiciera Daniel en el Antiguo Testamento, dispuesto a pasar por el martirio antes que dejarse manipular por el estado:
Hechos 4:19-20 : “Mas Pedro y Juan (ante el Concilio formado por los gobernantes, ancianos, escribas y los sumos sacerdotes) respondieron diciéndoles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.”
Hechos 5:29 : “Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron (de nuevo ante el Concilio) : Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”
Pero, indiscutiblemente hay un precio que pagar…
El estado llevó a Jesús a la Cruz del Calvario…
Juan el Bautista fue asesinado por el poder real…
Esteban fue ejecutado en los albores de la Iglesia por el Concilio…
Juan fue deportado por la policía del emperador Domiciano a la isla de Patmos, por predicar a Cristo, lo que siempre significa una amenaza para los imperialismos, abiertos o sutiles…
Pero mientras que para los fieles está reservada la corona de la vida eterna, los arrogantes reyezuelos humanos y sus estados corruptos tienen reservado un fin muy diferente:
Dice el libro de los Hechos de los Apóstoles 12:21-24 que “un día señalado, Herodes (Agripa, nieto de Herodes el Grande), vestido de ropas reales, se sentó en el tribunal y les arengó. Y el pueblo aclamaba gritando: ¡Voz de Dios, y no de hombre! Al momento un ángel del Señor le hirió, por cuanto no dio la gloria a Dios; y expiró comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba.”
Conclusión :
Separados de la protección del estado secular o de cualquier otro poder mundano no seremos nunca ricos ni poderosos como el mundo lo entiende…
Pero recordemos las palabras de nuestro Señor Jesucristo glorificado a la iglesia de Laodicea, en Apocalipsis 3:17-22 :
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que de mí compres oro refinado en fuego, para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio, para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete. He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu (Santo) dice a las iglesias.”
Amén.