Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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NAVIDAD, MITOS Y REALIDADES.

Pr. Joaquín Yebra Serrano.

Conferencia organizada por la Iglesia Cristiana Evangélica de Segovia.

Segovia, Jueves 13 de Diciembre de 2001.

1) Orígenes Histórico-Etimológicos:

En el uso corriente del latín "DIES NATALIS", de donde proviene nuestra voz "Navidad", era la expresión empleada para designar el día y el aniversario del nacimiento de una persona. Correspondería, pues, a nuestro "día de nacimiento" y "cumpleaños".

Ahora bien, en el contexto de la corte del Imperio designaba el día y el aniversario de la glorificación del emperador, de la elevación a la púrpura y de su apoteosis.

Desde una perspectiva cultural-popular se empleaba para designar la fiesta de los seguidores del dios Mitra en honor del Nacimiento del Sol, en el 25 de Diciembre, con el sobrenombre de "DIES NATALIS SOLIS INVICTI", es decir, el "Día del Nacimiento del Sol Invencible".

Su fecha correspondía aproximadamente al solsticio hienal, el día más corto del año, y simbolizaba la victoria de la luz sobre las tinieblas.

Ya desde antes de la introducción del culto a Mitra, los emperadores romanos habían ordenado construir templos dedicados al "Invictus".

La fecha del 25 de Diciembre era cuando se encendían hogueras destinadas a ayudar al sol a elevarse en su curso sobre el horizonte.

Remontándonos a la mitología griega, Zeus tuvo orgías sexuales con sus concubinas y éstas fueron empreñadas el 25 de Marzo, de manera que los dioses y demiurgos de la mitología griega nacieron hacia el día del solsticio invernal.

Los Seleúcidas y los Ptolomeos celebraban el solsticio igualmente con orgías sexuales. Y en esa fecha los Sirios y los Seleúcidas fueron vencidos por los judíos en tiempos de los Macabeos, hacia el 175 a.C., expulsando al sanguinario Antioco Epifanes IV.

En el Imperio Romano, y en torno a la fecha del solsticio, se celebraban festividades denominadas "SATURNALIA" y "CALENDAS". Como su nombre indica la "SATURNALIA" eran las celebraciones en honor del dios Saturno, protector de las labores agrícolas. Los Romanos creían que cuando Saturno estuvo al control de la tierra, ésta había sido un verdadero paraíso poblado de árboles de los que fluía la miel, y ríos de leche y néctar. Nadie tenía, pues, necesidad de trabajar por cuanto los manjares brotaban espontáneamente.

Las fiestas saturnales duraban siete días y comenzaban el 17 de Diciembre. La legislación romana no permitía que nadie trabajara durante aquellos días, con excepción de los panaderos y los cocineros. Las diferencias entre los nobles y los plebeyos, los libres y los esclavos, desaparecían durante aquella semana de desenfreno.

La fiesta de las "CALENDAS" se celebraba en el primer día de Enero, nuestro Año Nuevo, como una especie de prolongación de la "SATURNALIA". Se intercambiaban regalos y ofrendas de plantas verdes con las que se decoraban los hogares. De aquí nos llegan las tradicionales ornamentaciones navideñas con acebo, hiedra y muérdago.

A partir de estas fechas del solsticio los días son más largos, con más número de horas de sol, lo que ayuda al crecimiento del fruto de la tierra y la abundancia de las cosechas.

De ahí se desprende que el primer uso de la expresión "DIES NATALIS" entre los primeros cristianos de Roma no fuera para designar el Día del Nacimiento de Jesucristo, sino para referirse al día del bautismo de los conversos a la fe de Cristo, como figura de su muerte a la vida vieja y el nacimiento para la eternidad. Bastante tiempo después se aplicaría esta expresión a la conmemoración del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Entre los antiguos pueblos de Escandinavia, las actuales naciones de Noruega, Suecia y Dinamarca, también se celebraba el solsticio invernal. Su festividad se denominaba "Yule". Pero para los pueblos del norte se trataba de un tiempo de temor asociado a historias de espíritus malignos que aprovechaban la debilidad solar para acercarse a la tierra.

Por esta razón los pueblos escandinavos prendían hogueras para ayudar al sol y ahuyentar a los espíritus inmundos. Ese era el momento que el dios Odín aprovechaba para cabalgar por el cielo sobre su caballo de ocho patas para repartir regalos a quienes le obedecían. De ahí que algunos antropólogos y etnólogos crean poder ver en Odín un antecedente de Santa Claus.

2) Orígenes Cristianos:

Los Evangelios no nos aportan el dato del día exacto del nacimiento de Jesús de Nazaret. Por difícil que pueda resultarnos a nosotros de entender lo que aparentemente parece ser un olvido inexcusable, la fecha del día del nacimiento no tenía importancia para los antiguos hebreos. Por consiguiente, se nos habla del tiempo aproximado del acontecimiento, relacionándolo con eventos históricos:

Así vemos que el evangelista Mateo nos dice que "Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes...". (Mateo 2:1). Y según Lucas, el nacimiento ocurre en el tiempo en que Augusto César promulgó un edicto de empadronamiento: "Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto por parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria." (Lucas 2:1).

Siguiendo criterios de naturaleza simbólica, más que científica, se ha pretendido calcular la fecha exacta del nacimiento de Jesucristo. Es comprensible que ya los primeros cristianos gentiles quisieran celebrar el cumpleaños de Jesús. De hecho, el primer dato histórico de una celebración navideña nos llega del calendario litúrgico filocaliano del año 354 d.C., donde se dice que "el 25 de Diciembre nació Cristo en Belén de Judea". Es evidente, pues, que la Navidad, al igual que la Fiesta de la Epifanía -Proclamación- ya se celebraban entre los cristianos de Roma hacia la primera mitad del siglo IV después de Cristo.

Todo apunta hacia el intento por parte de los cristianos gentiles de substituir o reemplazar la fiesta pagana en honor del sol por la celebración del nacimiento de Jesucristo.

Por otra parte, era fácil relacionar la fiesta de naturaleza simbólico-astronómica con ciertas expresiones bíblicas, como es el caso de Malaquías 4:2, donde el nacimiento del Mesías se presenta así:

"Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación."

¿Y qué decir de las propias palabras testimoniales del Evangelio según Juan?

"En él -el Verbo- estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres." (Juan 1:4).

También el propio Señor Jesús se expresa en esos términos mesiánicos:

"Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas." (Juan 3:19).

"Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida." (Juan 8:12).

"Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo." (Juan 9:5).

"Entonces Jesús les dijo: Aún por un poco está la luz entre vosotros; andad entre tanto que tenéis luz, para que no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe a donde va." (Juan 12:35).

"Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas." (Juan 12:46).

Durante el siglo IV de nuestra era se extiende la celebración de la Fiesta de la Natividad de Jesucristo en el 25 de Diciembre. Incluso de época tan temprana nos llegan testimonios de la costumbre del intercambio de los regalos y las felicitaciones, probablemente inspirada también en la práctica romana en el primer día del año, llamada "ESTRENAS", de donde nos llega nuestro verbo "estrenar" y el sustantivo "estreno".

Pero no pensemos que todas las iglesias la aceptaron con facilidad. Tiene que pasar un siglo para que pueda admitirse casi universalmente.

Es en las liturgias de las iglesias orientales donde podemos hallar los primeros estratos de la formación de la celebración, siempre relacionada con los símbolos de la iluminación, del fuego, de la victoria de la luz sobre la oscuridad, reemplazando tradiciones folklóricas pre-cristianas.

Su antigüedad queda evidenciada por el hecho de que algunas de las iglesias orientales sigan celebrando el nacimiento de Jesucristo en el día 6 de Enero, por cuanto hubo un tiempo en que NAVIDAD y EPIFANÍA -del griego "EPIFANEIA", "MANIFESTACIÓN"- eran una misma celebración.

3) Liturgia y Folklore Navideños:

Dondequiera que vayamos vamos a encontrarnos con liturgias encaminadas a que la fiesta no sea un mero recordatorio del suceso histórico del nacimiento de Cristo Jesús, sino que todos los elementos litúrgico-pastorales, tanto de oriente como de occidente, resaltan el hecho de que el nacimiento del Mesías está ordenado a la Redención, a la Pascua y a la Parusía. De ahí que los antiguos se expresaran en términos de "memoria-misterio". Recordemos aquí las palabras del apóstol Pablo:

"Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo." (Colosenses 2:2).

"Orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo." (Colosenses 4:3).

Desde el siglo V encontramos la más variopinta colección de costumbres folklóricas navideñas, todas ellas creadoras del ambiente festivo y a la vez íntimo, familiar y entrañable.

Nos han llegado canciones populares e himnos elaborados inspirados en la historia del nacimiento de Jesucristo. Del siglo XIII nos llegan los "belenes" o "misterios", junto con los cantos que conocemos como "villancicos", muchos de ellos propagados por los discípulos de Francisco de Asís.

Algo semejante ocurre en desde el siglo XVI en los países nórdicos, donde el árbol decorado con luminarias simboliza la gracia alcanzada por la Encarnación del Verbo, por la muerte del Mesías en el "árbol de la cruz", en contraposición con el "árbol de la ciencia del bien y del mal" en el paraíso, y por la figura del "árbol de la vida", tanto en el paraíso como en la Nueva Jerusalem. En este caso, lo que se reemplaza o substituye es el culto a los árboles existente ya entre los druidas.

Se dice que fue Winfrido, quien después sería conocido como San Bonifacio, el que dio un sentido cristiano por primera vez a un árbol de Navidad. Esto acontecía en lo que actualmente es Alemania. Un día se encontró en el corazón de un bosque a un grupo de paganos que en torno a un gran roble se disponían a hacer un sacrificio cruel al dios Thor, el dios del trueno. La leyenda cuenta que un fuerte viento partió el roble secular en dos mitades. Al caer al suelo, cada parte quedó a un lado de un pequeño abeto que no sufrió ningún daño. Winfrido les explicó a los paganos que aquel era el árbol de Cristo, y símbolo de la vida eterna, por su hoja perenne, así como de esperanza y de paz. Winfrido les animó a aquellos paganos a celebrar el nacimiento de Cristo en sus hogares en torno a un abeto joven, y que bajo sus ramas no volvieran a realizarse sacrificios crueles, sino actos de amor y bondad.

Con el paso del tiempo, las bayas del bosque se convertirían en las bolas multicolores con que actualmente se decoran los árboles navideños.

La festividad romana de "ESTRENAS", a la que ya nos hemos referido, daría lugar a la creación folklórica de los "Reyes Magos" en el mundo latino antiguo -sólo se conserva con decreciente arraigo en España- y la figura del moderno Santa Claus.

Respecto a los "Reyes Magos", conviene tener presente que el testimonio del texto evangélico no habla para nada de "reyes" ni de que fueran "tres". Sólo Mateo nos da esta referencia:

"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalem unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle." (Mateo 2:1-2).

El término griego "MÁGOI", transliterado "Magos", puede inducirnos fácilmente al error. Se trata de una traducción de equivalencia lingüística, no semántica, pues los denominados en griego "MÁGOI" eran los filósofos y sacerdotes persas, de la religión de Zoroastro. Las versiones inglesas de la Biblia vierten este término por "wise men", es decir, "hombres sabios", con lo que evitan el fácil malentendido.

En cuanto al folklore nórdico, aquí nos encontramos bajo el aspecto de un gnomo al buen Nicolás, obispo de la iglesia naciente, natural, como el apóstol Pablo, de la actual Turquía. Nicolás nació hace más de mil seiscientos años. Su vida fue ejemplar, y provocó un gran cariño y admiración de parte de sus fieles. Los relatos de sus buenas acciones y milagros son muy numerosos. Después de su muerte se dio su nombre a muchas iglesias y ciudades, y la nación de Rusia le nombró su patrón. También los artistas le pintaron, generalmente revestido con su atuendo episcopal. Esta vestimenta iría deformándose en el curso de la historia hasta convertirse en el gnomo al que anteriormente aludíamos. La cristiandad de aquella época le otorgó un día para recordarle: El 6 de Diciembre.

La celebración y su costumbre de dar regalos a los niños se extendió por todo el norte de Europa, hasta llegar a nuestra vecina Francia, donde ya hace más de ochocientos años se obsequiaba a los pequeños con nueces y naranjas españolas.

Así es como vemos extenderse la figura de Nicolás bajo las designaciones inglesas de "Father Christmas", la francesa de "Pere Noël", y la escandinavia "Yuleman".

Los primeros colonos europeos llegaron al norte de América -actualmente los Estados Unidos- hace unos trescientos cincuenta años, y entre ellos llegaron inmigrantes holandeses que llevaban en la proa de sus barcos mascarones con la imagen de San Nicolás, a quien consideraban protector de los marinos.

Los niños holandeses llamaban a San Nicolás "SINTER KLAAS" y después "SINTA CLAES", de donde procede la designación moderna de "SANTA CLAUS". En la noche del 5 al 6 de Diciembre recibían los regalos que tradicionalmente se les enseñaba que San Nicolás traía en un cesto, mientras cabalgaba sobre un borriquillo blanco. Hace poco más de doscientos años la fecha del 6 de Diciembre se cambió por la más generalizada del 25 de Diciembre.

La transformación del San Nicolás episcopal en un gnomo del bosque aconteció en los Estados Unidos de América. Hace unos doscientos años el escritor Washington Irving -autor de "Los Cuentos de la Alhambra", el primer autor norteamericano que escribió acerca de España- hizo una detallada descripción de las visitas de San Nicolás en un libro titulado "Knisckerbocker's History of New York" ("La Historia de Nueva York de Knickerbocker"). En esta obra Washington Irving relataba cómo San Nicolás volaba sobre los tejados de la ciudad, soltaba sus regalos por las chimeneas, y misteriosamente llenaba los calcetines y las medias puestas a secar sobre las chimeneas con regalos para todos. En el cuento de Washington Irving el bueno de San Nicolás era un hombrecillo con sobrero que fumaba su pipa.

Unos sesenta años después de que apareciera este relato, Clement C. Moore dio algunos detalles más sobre San Nicolás en un poema titulado "A Visit from Saint Nicholas" ("Una Visita de San Nicolás"). Moore escribió su poema para su hija Charity, que tenía a la sazón seis años de edad. En el poema de Moore aparece por primera vez la mención de San Nicolás que vuela a bordo de un trineo tirado por ocho diminutos renos. Moore les dio nombre a todos ellos: Dasher, Dancer, Prancer, Vixen, Comet, Cupid, Donder y Blitzen.

La descripción que Moore hace de San Nicolás cambia completamente su imagen. Ya no es el alto y delgado obispo, sino que es como un gnomo regordete vestido de pieles, pero continúa fumando su pipa, quizás una reminiscencia holandesa. El poema de Moore tuvo un gran éxito. Muchos periódicos lo reprodujeron repetidas veces. También inspiró a muchos artistas que dibujaron sus diversas versiones de San Nicolás.

Otro paso más en la evolución de San Nicolás se debe a la artista Mrs. Caroline H. Butler. Hace unos ciento sesenta años incluyó en sus ilustraciones de San Nicolás a un grupo de gnomos que trabajaban a las ordenes del buen Nicolás dedicados a la fabricación de juguetes para todos los niños del mundo.

Unos cincuenta años después, el Santa Claus que todos conocemos hoy apareció en los dibujos de Thomas Nast. Ahora Santa Claus era un anciano regordete y risueño, con una poblada barba y cabellera blancas. Sus vestidos y sombrero estaban guarnecidos con pieles, y se ceñía con un ancho cinturón de hebilla. Durante más de veinte años, la revista "Harper's Weekly" publicó un dibujo de Thomas Nast en blanco y negro en su número de Diciembre.

Después de dejar la revista "Harper's Weekly" Thomas Nast ilustró bastantes libros infantiles en los que por primera vez aparecía Santa Claus vestido de rojo, viviendo en el Polo Norte, desde donde observaba con su enorme anteojo a los niños de todo el mundo, para preparar sus juguetes en base a su comportamiento.

La última adición del fenómeno Santa Claus es el reno Rudolf, con su nariz roja, incorporado hace unos sesenta años por el escritor Robert L. Mays.

4) Bautismo, Natividad y Epifanía:

Los cristianos de los tres primeros siglos ignoraron nuestra fiesta de Navidad del 25 de Diciembre.

Lo que podemos afirmar es que el nacimiento de Jesús no pudo acontecer en el mes de Diciembre, por cuanto en Palestina los pastores vivían en el campo entre los meses Marzo-Abril a finales de Octubre. Por lo tanto, podemos pensar tanto en la primavera, como en el verano o en el otoño.

A falta de indicaciones más exactas, algunos cristianos en el curso de la historia trataron de calcular la fecha del nacimiento de Jesucristo. Uno de los cómputos más curiosos nos llega de Cipriano, uno de los Padres de la Iglesia, o al menos a él se le atribuye, y está fechado en el año 243. En este cálculo se afirma que Jesús nació el día 28 de Marzo. El autor se basa en el texto del capítulo 1 de Génesis, versículo 4: "Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas." De este texto se induce que la luz y las tinieblas formaban dos partes iguales. Por lo tanto, la Creación del universo debió ocurrir en una fecha en la que el día y la noche tuvieron la misma duración. Comoquiera que el calendario romano fijaba ese día, el equinoccio de primavera, en el 25 de Marzo, ese tenía que haber sido el primer día de la Creación; y si el Señor, según el mismo relato de Génesis, había creado el sol en el día cuarto, es decir, el 28 de Marzo, entonces el Mesías, nuestro "Sol de Justicia" según Malaquías 4:2, debía necesariamente haber nacido el 28 de Marzo. Hemos de reconocer que al autor de este cómputo pudiera faltarle rigor, pero no imaginación.

Sabemos por Clemente de Alejandría que los discípulos de Basílides -un gnóstico que vivió en Alejandría en el siglo II- celebraban en el 6 de Enero el bautismo de Cristo. Como el resto de los gnósticos, estos seguidores de Basílides creían que Jesús fue hecho Hijo de Dios en su bautismo. Esto es lo que ellos llamaban en griego EPIFANEIA, "manifestación". De ahí el nombre de "Epifanía" para referirse originalmente al bautismo de Jesús. No hablaban del nacimiento de Jesús, sino más bien de su "manifestación", por cuanto para los gnósticos el nacimiento de Cristo no desempeñaba un papel importante.

Ahora bien, ¿por qué celebraban esta fiesta del bautismo de Jesús en el día 6 de Enero? Probablemente porque en el Imperio se celebraba ese día una fiesta en honor a Dionisio, celebración relacionada con el nacimiento de Eón, y que se dedicaba también a Osiris. En Alejandría se decía que en la noche del 6 de Enero las aguas del río Nilo adquirían poderes milagrosos. Probablemente por eso fue que los gnósticos de Alejandría escogieron esa fecha para celebrar el bautismo de Jesús.

Ahora bien, ¿qué tiene todo esto en común con la Navidad? Pues, sencillamente, la Iglesia Oriental tomó muchas festividades de los paganos y de los herejes, como la que nos ocupa, y con el paso del tiempo los dos acontecimientos, el nacimiento y el bautismo fueron fundiéndose en una sola celebración. De manera que el nacimiento se unió al bautismo: La noche del 5 al 6 para celebrar el nacimiento de Jesús, y el día 6 de Enero para la conmemoración de su bautismo o manifestación.

Aquí conviene recordar el descubrimiento en Egipto de una hoja de papiro de principios del siglo IV correspondiente a una liturgia responsorial que pertenece a la celebración del nacimiento de Cristo. Esta la más antigua liturgia navideña conocida, y es una prueba innegable de que en la noche del 5 al 6 de Enero se celebraba el nacimiento, bautismo y manifestación de Jesucristo. A la lectura del relato del nacimiento de Jesús en Belén y de la huida a Egipto, el coro respondía:

Nacido en Belén.

Educado en Nazaret.

Vivió en Galilea.

Después el oficiante leía el relato de la visitación de los magos, según el Evangelio de Mateo, y el coro respondía:

Hemos visto una señal en el cielo,

La estrella de luz.

A continuación, se leía el relato del nacimiento de Jesús según el capítulo 2 del Evangelio de Lucas, y el coro respondía:

Los pastores apacentando sus rebaños en los campos

se maravillaron, cayeron de rodillas y cantaron:

¡Gloria al Padre!

¡Aleluya!

¡Gloria al Hijo y al Espíritu Santo!

¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!

En Siria fue Efrén, otro de los Padres de la Iglesia, que vivió en el siglo IV, nos ha permitido conocer algo más de la fiesta. ("De Nativitate Sermones", publicados por Petrus Mobarek (Benedictus), v. Usenner, citado por Oscar Cullmann, "Estudios de Teología Bíblica", Ediciones Stvdivm, 1973, Madrid, España). Llama a la fiesta del 6 de Enero la más sublime de todas las festividades cristianas. Cuenta que en ese día estaban las casas decoradas con coronas vegetales, probablemente el más antiguo antecedente conocido de la corona de Adviento y del árbol de Navidad. Efrén relata la alegría de la fiesta, los cantos de los niños y de los adultos. En un himno compuesto por el propio Efrén podemos apreciar los diversos elementos de la fiesta:

La creación entera lo proclama,

Los magos lo proclaman,

La estrella lo proclama:

¡Mirad, he aquí al Hijo del Rey!

Los cielos se abren,

Las aguas del Jordán espuman,

La paloma aparece:

¡He aquí a mi Hijo amado!

Los elementos del nacimiento y del bautismo están en este himno íntimamente vinculados desde la perspectiva de la manifestación.

Ahora bien, ¿en qué momento y por qué razón se separó la fiesta del nacimiento de la Epifanía? La opinión más generalizada entre los eruditos es que esta separación aconteció entre los años 325 y 354, es decir, después de que la fiesta de la Epifanía ya hubiera llegado de Oriente a Roma. La celebración en Roma del nacimiento de Cristo en el 25 de Diciembre está atestiguada desde el año 336 según la cronografía de Filocalus, aunque lo más probable es que se celebrara incluso antes bajo Constantino el Grande.

Según el profesor U. Holzmeister, la festividad del 25 de Diciembre podría incluso remontarse hasta el reinado del emperador Aureliano (270-275). Este erudito se basa en el Sermón 202 de Agustín de Hipona, quien reprocha a los donatistas el que no celebren la fiesta del 6 de Enero. De esto se deduce que en el 311, al separarse los donatistas de la Iglesia, tendrían la costumbre de celebrar la fiesta del 25 de Diciembre, que, por consiguiente, habría sido conocida en la Iglesia desde ese momento, e incluso anteriormente, a parir del emperador Aureliano, ferviente adorador del sol.

Aquí conviene tener presente que en el Concilio de Nicea (año 325), la Iglesia condenó formalmente la doctrina que negaba que Dios se hubiera hecho carne en Cristo, frente a los que afirmaban que Jesucristo había sido adoptado por Dios como Hijo en su bautismo. Así podemos explicar que la Iglesia tratara de separar la fiesta del nacimiento de Jesús de la Epifanía. A tal efecto le vino muy bien la fecha del 25 de Diciembre, pues como ya hemos visto, en esa época se celebraban en todo el Imperio Romano, y muy particularmente en la religión de Mitra, fiestas dedicadas al sol, y muy especialmente en el día 25 de Diciembre, fecha del solsticio.

Nos ha llegado un sermón atribuido a Ambrosio en el cual se confrontan la fiesta pagana y la cristiana. En él leemos así: "¡Cristo es nuestro nuevo sol!" (Sermón VI, Migne P.L.T. 17, 614).

También Agustín de Hipona hace referencia a la fiesta pagana del 25 de Diciembre, cuando exhorta a los cristianos a no adorar ya en ese día al sol, como hacen los paganos, sino a Aquel que lo ha creado. También el papa León Magno reprende la creencia de quienes celebran la fiesta del nacimiento del sol en vez del nacimiento de Cristo.

Es evidente que el emperador Constantino el Grande trató, en su sincretismo, de fundir el culto solar al culto a Cristo. Constantino sabía que el cristianismo le permitiría realizar una mejor unificación de todos los elementos del Imperio, fundamentalmente en base a la universalidad de su mensaje. Conviene aquí tener presente que Constantino el Grande fue un adorador de Mitra durante toda su vida, y que renunció a su paganismo en el momento de su bautismo, que, curiosamente, tuvo lugar sólo en su lecho de muerte.

Todo parece indicar que Constantino pretendió solamente introducir elementos cristianos en el paganismo para su reforma y vitalidad, así como para solidificar las bases del estado imperial. Es cierto que abolió los oráculos paganos, los sacrificios y cultos groseros, como la prostitución sagrada, pero no dejó de favorecer el culto al sol durante toda su vida. Él mismo mandó construir dos estatuas que le representaban envuelto por los rayos del sol, con una inscripción en su pedestal que decía así: "A Constantino, resplandeciente como Helios".

Así fue como la fiesta del nacimiento de Cristo quedó separada de la celebración de su bautismo, pero también es cierto que a partir de entonces la celebración del nacimiento de Cristo quedó muy marcada por los elementos de la festividad pagana, hasta nuestros días.

5) Universalidad del 25 de Diciembre:

Roma procuró separar la fiesta de la Navidad de la celebración de la Epifanía por cuestiones teológicas, como ya hemos visto, desde la segunda mitad del siglo IV, pero no fue una tarea fácil, ya que muchas de las Iglesias de Oriente mantuvieron -y mantienen hasta el día de hoy- la doctrina del nacimiento de Jesucristo en la noche entre el 5 y el 6 de Enero.

En Antioquía lo logró en el 386, mediante la predicación convincente de Juan Crisóstomo.

En Constantinopla se introdujo en el 379 por la predicación de Gregorio Nacianceno.

Algunos sectores de Egipto aceptaron la fecha del 25 de Diciembre en el 431.

Pero el lugar donde más resistencia se produjo fue en Jerusalem. Allí predicó en favor de la nueva fecha el elocuente Jerónimo, pero no logró los resultados deseados, sino la división de criterios. Sólo hay constancia del cese de la división en favor del 25 de Diciembre a partir de la segunda mitad del siglo VI.

Sólo una Iglesia, la de los Armenios, se resistió al cambio, y hasta el día de hoy celebran el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo en el día 6 de Enero.

6) ¿Podemos saber verdaderamente cuándo nación Jesús de Nazaret?

Definitivamente, no pudo ser en el mes de Diciembre porque ese tiempo es frío y los pastores no están a la intemperie, sino que mantienen sus rebaños en apriscos y corrales.

Por consiguiente, la presencia de los pastores y el ganado en los campos de Belén de Judá es un dato indicativo de que no debió ser durante el invierno.

Lo más probable es que Jesús naciera durante el tiempo de la fiesta de los Tabernáculos (hebreo "SUKKOT", del singular "SUKKÁ", que es "cabaña", "tienda de camapaña" o cualquier tipo de vivienda temnporal). Las razones para pensar de este modo son dos y de gran peso:

Primeramente, todos los mesones estaban repletos (Ver Lucas 2:1-7), lo que nos hace pensar que no se trataba sólo de la llegada de mucho personal por causa del censo, sino también por coincidir con una celebración grande, como es el caso de "SUKKOT", una de las tres fiestas de peregrinaje ("Tabernáculos", "Pascua" y "Pentecostés").

En segundo lugar, parece como si este dato nos fuera dado en forma de clave en un texto del Evangelio según San Juan, donde leemos así:

"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." (Juan 1:14).

Ahora bien, el texto original griego nos dice que "Aquel Verbo "SKÉNOSEN" entre nosotros". El verbo "habitar" es el griego "SKENÓO", cuyo substantivo es SKENÉ", "tienda de campaña", "habitación", "choza", "enramada", "tabernáculo" y "templo". El argumento no puede estar más claro: El evangelista no nos estaría, en este caso, diciendo solamente que el Verbo -que es Dios- vino para estar entre nosotros en un templo de carne, sino que su venida fue temporal, que levantó su "tienda de campaña" entre nosostros, sino que también nos estaría dando la clave de su nacimiento en los días de la fiesta de las Cabañas o Tabernáculos.

Entonces, la vida de Jesús sería el cumplimiento del sentido trascendente de las fiestas solemnes de Dios para su pueblo: En los Tabernáculos ("Sukkot") se daría la Encarnación; en la Pascua ("Pésaj"), el Sacrifico Redentor; y en Pentecostés ("Shavuot", "Fiesta de las Semanas"), el derramamiento del Espíritu Santo.

7) Conclusiones histórico-teológicas:

Primeramente, que ni el 6 de Enero ni el 25 de Diciembre son fechas exactas desde el punto de vista histórico.

Segundo, que los cristianos no debemos caer en la trampa de celebrar una fecha, sino un acontecimiento; no un momento histórico, sino la realidad de la manifestación de Jesucristo, el Redentor, en esta tierra: Dios se ha hecho hombre en Jesucristo y ha bajado hasta nosotros.

Tercero, que el nacimiento de Jesús en Belén de Judá no fue su origen, sino su Encarnación:

"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios... Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros..." (Juan 1:1, 14)).

En Navidad, pues, los cristianos estamos bíblica y teológicamente convencidos de lo que estamos celebrando: El evento de la Encarnación; esto es, Dios haciéndose hombre, no un hombre haciéndose un "dios"; como está escrito:

"Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación." (Isaías 25:9). Si leyéramos el original hebreo, diríamos: "Nos gozaremos y nos alegraremos en su "Yeshúa".

"Jehová mismo vendrá y nos salvará." (Isaías 33:22). Dice Jesús: "Mis ovejas oyen voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano." (Juan 10:27-28).

"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará." (Isaías 35:4). Dice Jesús: "Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida... He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último." (Apocalipsis 2:10; 22:12-13).

"Yo, yo Jehová, y fuera de mí no hay quien salve." (Isaías 43:11). "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos." (Hechos 4:11-12).

Cuarto, que la importancia de la Encarnación ha de ser vista desde la muerte y resurrección de Cristo, y no al revés.

Quinto, que nuestra celebración del nacimiento de Cristo no procede de la fiesta de Mitra, el "Sol Invicto", fijada en el 25 de Diciembre por cuestiones eminentemente socio-políticas, como creemos haber mostrado, pues su celebración en el 6 de Enero era anterior.

Sexto, que no debe ruborizarnos reconocer que las fechas del 6 de Enero y del 25 de Diciembre fueran fiestas paganas. El propósito de Constantino el Grande por sincretizar el culto solar con el cristianismo puede ser censurable, pero, al final y a la postre, el "Sol Invicto" ha sido vencido por el pobre carpintero de Nazaret. "Al fin y al cabo, toda la revelación de Dios en la naturaleza está subordinada a su revelación en el acto de amor de Cristo." ( Oscar Cullmann, op. cit.).

Vamos a concluir citando un pasaje tomado del sermón navideño atribuido a Ambrosio, en el que leemos así:

"No sin razón el pueblo llama a este día santo del nacimiento del Señor "el sol nuevo", y afirma con toda claridad que judíos y paganos se encuentran igualmente aludidos en esta expresión. Nosotros la mantendremos de buen grado, porque con la aparición del Salvador se renueva no solamente la salvación de la humanidad, sino también la claridad del sol... Efectivamente, si el sol en la pasión de Cristo se oscureció, es necesario que en su nacimiento resplandezca más brillante que de costumbre." (Ambrosio, "Sermón VI, Migne P.L.T. 17, 614, citado por Oscar Cullmann, op. cit.).

Nosotros, los cristianos, NO celebramos que Jesús nació en Navidad, sino que en Navidad celebramos que JESÚS NACIÓ. Y si tú que me escuchas invitas a Jesucristo a tu corazón, hoy, este día y cada día, será verdaderamente Navidad para ti.

Muchas gracias por vuestra atención; que el Señor os bendiga, y ¡Feliz Navidad!

J.Y.