Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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MIEL

 

El sentido bíblico de algo tan cercano y doméstico como la miel puede pasarnos fácilmente inadvertido.

La miel es don de Dios:

"Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña les saciaría." (Salmo 86:16).

"Mi pan también, que yo te había dado, la flor de la harina, el aceite y la miel, con que yo te mantuve, pusiste delante de ellas para olor agradable: y fue así, dice el Señor." (Ezequiel 16:19).

La dulzura de la miel:

"¿Qué cosa más dulce que la miel? (Jueces 14:18).

"Panal de miel son los dichos suaves; suavidad al alma y medicina para los huesos." (Proverbios 16:24).

"Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal es dulce a tu paladar." (Proverbios 24:13).

La miel es una de las características de la tierra prometida, la tierra de Israel:

"Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel." (Éxodo 3:8).

"Pero a vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y yo os la daré para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo el Señor vuestro Dios, que os he apartado de los pueblos." (Levítico 20:24).

"Porque el Señor tu Dios te introduce en la buena tierra, tierra de arroyos, de aguas, de fuentes y de manantiales, que brotan en vegas y montes; tierra de trigo y cebada, de vides, higueras y granados; tierra de olivos, de aceite y de miel." (Deuteronomio 8:7-8).

La miel, según la Palabra de Dios, es muy buena, pero, sin embargo, debe tomarse con moderación:

"Come, hijo mío, de la miel, porque es buena...¿Hallaste miel? Come lo que te basta, no sea que hastiado de ella la vomites...Comer mucha miel no es bueno, ni el buscar la propia gloria es gloria." (Proverbios 24:13; 25;16, 27).

La miel es despreciada por los que se sienten llenos:

"El hombre saciado desprecia el panal de miel; pero al hambriento, todo lo amargo es dulce." (Proverbios 27:7).

La miel fue, junto con el pescado, la comida que nuestro Señor Jesucristo comió después de su gloriosa resurrección, con el propósito de mostrarles a los discípulos que, efectivamente, había resucitado con carne glorificada, con cuerpo espiritual, pero que no se trataba de un espíritu ni de un fantasma:

"Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Entonces, espantados y atemorizados, pensaban que veían espíritu. Pero Jesús les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y vienen a vuestro corazón estos pensamientos? Mirad mis manos y mies pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. Y diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y Jesús lo tomó, y comió delante de ellos." (Lucas 24:36-43).

Mezclada con mantequilla, la miel forma parte de lo que los viejos sabios de Israel llaman "la dieta del Mesías":

"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel (esto es, "Dios con nosotros"). Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno... y a causa de la abundancia de leche que darán, comerá mantequilla; ciertamente mantequilla y miel comerá el que quede en medio de la tierra." (Isaías 7:14-15, 22).

Nada tan parecido al maná como las hojuelas con miel; lo que en el lenguaje de nuestros días llamamos en muchas latitudes "hojaldres" y "pestiños":

" Y la casa de Israel lo llamó Maná (esto es, "¿Qué es esto?"); y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel. (Éxodo 16:31).

"Y era el maná como semilla de culantro, y su color como el color del bedelio. El pueblo se esparcía y lo recogía, y lo molía en molinos o lo majaba en morteros, y lo cocía en caldera o hacía de él tortas; su sabor era como sabor de aceite nuevo." (Números 11:7-8).

"Así fuiste (Jerusalem) adornada de oro y de plata, y tu vestido era de lino fino, seda y bordado; comiste flor de harina de trigo, miel y aceite; y fuiste hermoseada en extremo, prosperaste hasta llegar a reinar." (Ezequiel 16:13).

Curiosamente, el Señor no quiso que se añadiera miel a ninguna ofrenda quemada en el Antiguo Pacto:

 

 

"Ninguna ofrenda que ofreciereis al Señor será con levadura; porque de ninguna cosa leuda, ni de ninguna miel, se ha de quemar ofrenda para el Señor." (Levítico 2:11).

Sin embargo, el Señor pidió que se ofreciera la primicia de la miel (primeros frutos) como ofrenda para que los sacerdotes se dedicaran a la Ley del Señor:

"Mandó también al pueblo que habitaba en Jerusalem, que diese la porción correspondiente a los sacerdotes y levitas, para que ellos se dedicasen a la ley del Señor. Y cuando este edicto fue divulgado, los hijos de Israel dieron muchas primicias de grano, vino, aceite, miel, y de todos los frutos de la tierra; trajeron asimismo en abundancia los diezmos de todas las cosas." (2º Crónicas 31:4-5).

En la Biblia, la miel es figura ilustrativa de la Palabra de Dios:

"Los juicios del Señor son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; y dulces más que miel, y que la que destila del panal." (Salmo 19: 9b-10).

"¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca." (Salmo 119:103).

También es figura ilustrativa de la sabiduría divina:

"Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, y el panal, dulce a tu paladar. Así será tu alma el conocimiento de la sabiduría; si la hallares tendrás recompensa, y al fin tu esperanza no será cortada." (Proverbios 24:13-14).

La tierra prometida es también figura ilustrativa de los nuevos cielos y la nueva tierra que Dios tiene preparados para todos los redimidos de todos los tiempos, y su distintivo está vinculado al sentido, al sabor, y a las propiedades y virtudes de la miel:

"Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel." (Éxodo 3:17).

De la aflicción a la leche y la miel... En el lenguaje bíblico simbólico así es como se nos explica la obra que Dios hace en el corazón de todos sus hijos e hijas.

Cuando reconocemos nuestro pecado, pedimos perdón al Señor con genuino arrepentimiento, y recibimos a Jesús de Nazaret en nuestro corazón como nuestro único Señor y Salvador personal, eterno y todo-suficiente, somos trasladados de nuestra más profunda aflicción -que es la causada por nuestra separación de Dios- a la bendición ilustrada por la leche y la miel.

Quiera el Señor bendito, quien ocupó tu lugar y el mío en aquella cruz del Gólgota, darte de su gracia para que tú, amigo, amiga, puedas abrirle tu corazón. Sólo así nuestros ajenjos son transformados en leche y miel.

J.Y.