Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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EL AYUNO:

Mateo 6:16-18.

 

INTRODUCCIÓN:

 

Nuestro Señor Jesucristo continúa enseñando la justicia del Reino de Dios con respecto a la relación del hombre con Dios, especialmente en lo referente a los actos de justicia.

No olvidemos que el versículo 1 de este cap. 6 de Mateo es el que nos proporciona la base para comprender cuál es la actitud con la que hemos de emprender todo acto de justicia y toda buena obra delante de Dios.

Lo hemos visto aplicado a los actos caritativos y a la oración. Hoy vamos a aplicarlo a la práctica del ayuno.

 

  1. •  De nuevo, vemos el contraste entre hacer las cosas para Dios y hacerlas para ser vistos por los hombres. En este caso, respecto al ayuno: v. 16.
    1. •  Los hipócritas de entonces (“actores”) “demudaban su semblante”; es decir, “desfiguraban sus caras” para que todos se enteraran de que estaban ayunando. Por fuentes extrabíblicas sabemos que era costumbre echarse ceniza sobre el rostro para que ante los ojos de los demás no quedara ninguna duda de que quienes tal hacían estaban muy arrepentidos y en ayuno.
    2. •  Como respecto a las buenas acciones y a la oración, el único bien que el ayuno realizado con tal actitud podía proporcionarles era la alabanza de los hombres, pero no de Dios.
    3. •  El ayuno como a Dios agrada: vv. 17-18. Sin demudar el semblante. “Ungir la cabeza” sería el equivalente actual a “ducharse y arreglarse”.
    4. •  De esa manera, el ayuno queda en la intimidad con Dios, sin espectáculo.
  2. •  La comprensión de lo que Jesús nos enseña respecto al ayuno es muy fácil de entender; pero las preguntas que surgen ahora son si hemos de ayunar los cristianos hoy, y si la respuesta es afirmativa, entonces por qué, cuándo y cómo:
    1. •  Consideremos el ejemplo de Jesús: Lucas 4:1-2.
    2. •  Jesús asumió que sus discípulos ayunaría, y por eso dijo “cuándo lo haríamos”, no “si lo haríamos”: Mateo 6:16-17.
    3. •  Jesús aclaró que ayunaríamos cuando Él se fuera: Mateo 9:14-15.
    4. •  Jesús nos dice cómo ayunar para que el Padre se sienta complacido: Mateo 6:16-18.
    5. •  Jesús nos dice que no hemos de ayunar irreflexivamente, sino cuando la ocasión lo demanda: Mateo 9:16-17.
    6. •  También nos dice que habría ocasiones en las que sería necesario añadir el ayuno a la oración: Mateo 17:20-21.
  3. •  ¿Qué ejemplos nos han llegado de la práctica del ayuno en la iglesia naciente?
    1. •  La iglesia en Antioquia: i) Como parte de su culto (servicio) a Dios; ii) Cuando enviaron a Pablo y Bernabé a la obra misionera: Hechos 13:1-3.
    2. •  Las iglesias en la región de Galacia: i) En cada iglesia; ii) Al nombrar ancianos (pastores): Hechos 14: 21-23.
    3. •  Consideremos el ejemplo de Pablo en su ministerio: El ayuno aparece como una de las pruebas de ser un ministro de Jesucristo: 2ª Corintios 11:23-29.
    4. •  El apóstol nos invita a imitarle a él, del mismo modo que él imita a Jesucristo, y ambos ayunaron.
    5. •  Nuestra conclusión lógica es que los cristianos hoy también debemos ayunar, cuando la ocasión lo demanda, a menos que tengamos impedimentos de salud.
  4. •  Pero para asegurarnos de que tenemos buenas razones para ayunar, surge otra pregunta: ¿Por qué hemos de ayunar?
    1. •  Hay quienes ayunan por razones de peso o salud.
    2. •  Hay quienes lo hacen en momentos de tristeza.
    3. •  Hay quienes lo hacen para desarrollar su autocontrol.
    4. •  Sin embargo, estos NO son las razones por las que como discípulos de Jesucristo hemos de ayunar: 2ª Corintios 2:20-23.
    5. •  El ayuno para nosotros es fundamentalmente en ocasiones en que precisamos la ayuda divina de manera muy especial y particular.
    6. •  Eso es lo consistente con todo el testimonio de las Sagradas Escrituras: i) Israel ayunó en tiempos de guerra o amenaza de guerra; ii) Ante de la enfermedad de un ser querido (David); iii) Al buscar el perdón del Señor (David, Daniel); iv) Al buscar la protección del Señor (Esdras).
    7. •  Es igualmente consistente con la práctica del ayuno en el Nuevo Testamento: i) Ante la tentación (Jesús); ii) Como parte del servicio al Señor (la iglesia en Antioquia); iii) Al enviar obreros al campo misionero (de nuevo la iglesia en Antioquia); iv) Al nombrar ministros (las iglesias de la región de Galacia).
    8. •  El ayuno debe ir acompañado de la oración, y cuando se hace correctamente: i) Humilla el alma: Salmo 35:13; ii) Aflige el alma: Salmo 69:10; iii) Y las oraciones del humilde son más fácilmente escuchadas por el Señor: Esdras 8:21-23.
  5. •  ¿Cuándo hemos de ayunar?
    1. •  Cuando precisamos de una ayuda especial de parte de Dios.
    2. •  Cuando nos enfrentamos a tentaciones.
    3. •  Cuando nos hallamos ante la enfermedad de seres amados.
    4. •  Cuando ordenamos (“ordenar” es “comisionar”, “encomendar”, “encargar”) ministerios.
    5. •  Cuando enviamos a misioneros u obreros a otros lugares..
    6. •  Siempre que la ocasión o la necesidad lo demanden, pero acompañado el ayuno siempre de la oración y con la actitud correcta: Lucas 18:1-8; Mateo 6:17-18.
  6. •  ¿Cómo hemos de ayunar?
    1. •  Fundamentalmente, como venimos observando, NO para ser vistos por los demás, ni para ganar reputación de espirituales, ni para impresionar a otros: Mateo 6:16-18.
    2. •  NO como un ritual mecánico. Sólo cuando la ocasión o las circunstancias lo demandan; generalmente, después de haber pasado algún tiempo en oración insistente: Mateo 9:14-17.
    3. •  El ayuno siempre debe ir acompañado de verdadero arrepentimiento y confesión de nuestros pecados: Isaías 58:3-9.
    4. •  Ni la oración, ni el ayuno, sirven de nada, a menos que vayan acompañados de obediencia por nuestra parte.
  7. •  Algunas sugerencias muy prácticas sobre el ayuno:
    1. •  NO ayunemos porque suena bien hacerlo o se espera de alguien que se supone debe ser espiritual.
    2. •  NO ayunemos irreflexivamente, por un simple impulso o mimetismo.
    3. •  NO ayunemos por cuestiones fútiles.
    4. •  NO ayunemos, a menos que nuestro espíritu esté clamando ante Dios por una respuesta.
    5. •  Si no estamos acostumbrados a la práctica del ayuno, empecemos suavemente, quizás comenzando por una sola comida, dedicando ese tiempo a la oración.
    6. •  NUNCA terminemos el período de ayuno con una comida fuerte, y tengamos muy presente que no se rompe el ayuno por beber agua.
    7. •  NO ayunemos, a menos que tengamos tiempo para orar y meditar, pues de lo contrario simplemente habremos hecho “dieta”.
    8. •  NO acometamos el ayuno sin tener muy presente el propósito del mismo.

 

CONCLUSIÓN:

 

Creemos que Jesús espera de nosotros que practiquemos el ayuno, y que lo más importante de todo lo dicho es que lo hagamos ante Dios nuestro Señor, y no para ser vistos por los hombres.

 

J.Y.