Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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CONGOJA DE ESPÍRITU Y DURA SERVIDUMBRE

"Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Jehová; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y que yo os la daré por heredad. Yo Jehová. De esta manera habló Moisés a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moisés a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre." (Éxodo 6: 6-9).

A primera vista nos parece muy sorprendente que la reacción de los esclavos hebreos fuera la de no escuchar a Moisés y su mensaje de liberación de parte de Dios. Sorprende saber que la congoja de espíritu y la dura servidumbre no les permitiera recibir con alegría el mensaje de liberación que Moisés les proclamaba. Y, sin embargo, eso es lo que expresa el texto bíblico.

Nosotros, naturalmente, pensamos que lo normal hubiera sido lo contrario; que los tremendos sufrimientos del pueblo de Israel les hubieran hecho aceptar aquella promesa de liberación con gran alegría, apegándose más estrechamente a Moisés.

¿Cómo es posible que aquellos esclavos pudieran cerrar sus oídos y su corazón al consuelo y la esperanza del mensaje de Moisés ? Y, sin embargo, así fue. La dura congoja de espíritu y la servidumbre del pueblo no les permitió recibir la buena noticia de la salvación.

Pensemos ahora en el faraón de Egipto. Su actitud es de gran enseñanza para nosotros. Precipitadamente podemos pensar que el monarca estaba libre de congoja de espíritu y dura servidumbre. Pero nada mas alejado de la realidad, por cuanto la verdad es que el corazón del faraón estaba tan sometido a servidumbre y a congoja como si él mismo hubiera estado entre los esclavos. Es más, en el caso de faraón como en todos los humanos, el rey de Egipto estaba realmente ofreciendo lo que había en lo más profundo de su conciencia. Faraón daba lo que poseía, por cuanto no podemos dar lo que no tenemos. Y el monarca sólo poseía congoja de espíritu y dura servidumbre, bajo la gloria terrenal del imperio, entre lujos y exuberancias. No olvidemos que la esclavitud vive en el corazón del esclavizador, del déspota, del intolerante; mientras que el esclavizado sobrevive en la esperanza de la liberación.

Sin embargo, aquellas tribus hebreas habían sido conducidas al punto de perder toda esperanza de experimentar la libertad. El sufrimiento y la congoja, el dolor y la desesperación, pueden llevar a los hombres a perder la esperanza de ser libres, de llegar a ser o volver a ser humanos. Por eso no pudieron escuchar a Moisés. Porque cuando los humanos pierden la esperanza de ser libres, de vivir en libertad, se pierde también la capacidad de analizar, de reflexionar coherentemente.

Bajo cualquier sistema de dura servidumbre, comprendidas las aparentes libertades del sistema occidental de nuestros días, los hombres fácilmente caemos en la trampa mortal de la adaptación de todas las ideas a nuestra subjetividad. De ese modo, somos incapacitados para desarrollar un pensamiento reflexivo, analítico y articulado. Los sabios antiguos de Israel dijeron que ahí radica, precisamente, el fundamento de toda idolatría. Y de ahí también se desprende que occidente no logre apreciar la relación entre la idolatría y los sistemas personalistas y despóticos que pueden elevar y divinizar al hombre, partidos, estados y sistemas religiosos. En lugar de articular los modos de pensamiento y las voluntades con la verdad divina, con los principios de la Palabra de Dios, éstos se sujetan y someten a la voluntad caprichosa de los hombres.

De esta manera es como también se ignora el origen divino de la verdad, confundiéndola con la veracidad de unos datos o de unos hechos abstractos, frente a la verdad bíblica, concreta y relacionada siempre con la justicia:

"Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que DETIENEN CON INJUSTICIA LA VERDAD." (Romanos 1: 18).

Este texto de la Carta del Apóstol Pablo a los Romanos pone de manifiesto que los opuestos no son VERDAD y MENTIRA, sino VERDAD e INJUSTICIA. Dicho con otras palabras: La verdad según la Palabra de Dios es primeramente justa. No puede haber verdad en medio de la injusticia. La falta de justicia es la esencia de la mentira. Por eso también se desarrolla la mentira en el entorno de la injusticia, llegando al paroxismo implícito al denominar "orden establecido" al mayor de los desórdenes, y "civilización" al sistema socio-económico-político que genera la muerte por hambruna de más de cuarenta mil niños en la región del planeta conocida por "tercer mundo".

Así fue como una ciega humanidad llegó a atribuir poderes a las criaturas, ignorando al Creador, como se desprende de la consulta a los astros y demás fuerzas de la naturaleza, creyendo que se honra al Altísimo cuando se consulta a las cosas creadas. Bajo la influencia de los falsos profetas de todos los tiempos, un contingente muy grande de hombres creen que las fuerzas de la naturaleza en general, y los cuerpos celestes en particular, poseen poderes independientes sobre los humanos, capaces de determinar su vida y destino. Sin embargo, las Biblia enseña que Dios ya ha emitido su juicio sobre tales actividades:

"Ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se regocijaron. Y Dios se apartó, y los entregó a que rindiesen culto al ejército del cielo; como está escrito en el libro de los profetas: ¿Acaso me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? Antes bien llevasteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Renfán, figuras que os hicisteis para adorarlas. Os transportaré, pues, más allá de Babilonia." (Hechos de los Apóstoles 7: 42-43).

Dios en su Palabra se burla abiertamente de los astrólogos y adivinos, así como de sus prácticas, de igual manera que se burla de los ídolos:

"Te has fatigado en tus muchos consejos. Comparezcan ahora y te defiendan los contempladores de los cielos, los que observan las estrellas, los que cuentan los meses, para pronosticar lo que vendrá sobre ti." (Isaías 47:13).

El justo juicio de Dios sobre los astrólogos y adivinos de la vieja Babilonia alcanzará también a todos cuantos desprecian al Señor y a su Palabra:

"He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten." (Isaías 47:14).

Pero volvamos a la cuestión original de nuestra meditación: Los hijos de Israel no escucharon a Moisés por su congoja de espíritu y por su dura servidumbre. El objetivo del monarca despótico de Egipto era reducir al pueblo hebreo, y no sólo mediante su plan de exterminio de los niños varones, sino a través de un régimen estricto de trabajos forzados. Aquí es donde los sabios antiguos de Israel enseñaron que el propósito básico del faraón fue el de reducir al pueblo impidiéndole meditar sobre su esencia, sobre su destino, sobre su vocación y sobre su fe. Y cuando esto se logra, se pierde el sentido de la existencia. De ahí que todo cuanto impide meditar y reflexionar deba entenderse como trabajo forzado. Ese es el sentido de la congoja de espíritu y la dura servidumbre. Esa es la mecánica mediante la cual se logra someter definitivamente a un pueblo, a cualquier pueblo. Y los explotadores, desde los tiempos de Moisés, han acumulado mucha experiencia y han sofisticado extraordinariamente sus métodos. Quien lee, entienda...

Cuando Moisés se presentó ante el pueblo y les compartió el gran mensaje de la promesa de liberación, los esclavos de las tribus hebreas ya habían perdido toda capacidad de esperanza. La opresión puede matar esperanzas y afectos, ilusiones y expectativas, concepciones de la verdad y de la dignidad.

La Biblia da testimonio de cómo Moisés tuvo que integrarse e identificarse con el pueblo hebreo para que su mensaje llegase a ser comprensible para aquellos hombres, mujeres y niños que habían sido llevados más allá de los límites de la humanidad.

Me pregunto si esto estará relacionado con la falta de capacidad de fiarse de Dios que tantos hombres y mujeres experimentan en esta sociedad nuestra, civilizada, pero poco humanizada; desarrollada, pero desarticulada en su pensamiento; invertebrada, como dijera el filósofo, en sus afectos y en sus relaciones.

De los espantajos de melonar a las cartas astrales... De la superchería religiosa a los videntes y adivinos... De las lamparillas de las ánimas a las consultas de adivinos y agoreros, magos y astrólogos, videntes y espiritistas... De los exvotos a los amuletos... Largo camino.

Quizás aquí pueda hallarse también el origen de la idolatría que lleva secando a esta nación desde hace tantos siglos.

Pero la Biblia sigue dando testimonio de que sólo Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- es digno del honor, la adoración y la confianza de los hombres, pues el Señor es quien ha creado los cielos y la tierra, y quien te ha amado a ti, y a mí, de tal manera "que ha dado a su Hijo unigénito - a Jesucristo- para que todo aquel que cree en él, no se pierda, sino que tenga vida eterna." (Juan 3:16).

Tú puedes acercarte a Jesús, quien dio su vida por ti en aquella cruz del Gólgota, con el reconocimiento de tus pecados y fracasos, con tus lágrimas y dolores, para recibir gratuitamente del Señor el perdón y la nueva vida que Jesucristo tiene para ti.

Aquellos viejos hebreos llegaron a creer el mensaje liberador que Moisés les llevó. Lo hicieron cuando se percataron de que Moisés era uno de ellos, y se integraba en su existencia. Así también Jesucristo, Dios encarnado, ha asumido nuestra humanidad para que podamos fiarnos de él con todo nuestro corazón.

Quiera Dios, que es rico en misericordia, ayudarte a tomar una decisión por Jesucristo, recibiéndole en tu corazón como tu único Señor y Salvador personal, eterno y todo-suficiente.

Pr. Joaquín Yebra.