Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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BIENAVENTURADOS

 

Nuestro texto es Mateo 5:1-12.

"Bienaventurado" es ciertamente una palabra arcaica que muy fácilmente podemos tergiversar o atribuirle un significado misticoide y equivocado.

"Bienaventurado" en las Sagradas Escrituras es el hebreo ASHREI, y su equivalencia en el castellano de nuestros días sería "feliz", "dichoso".

Se trata de un vocablo que nos llega de la raíz ASHER, cuyo significado es "planta del pie".

Como nombre propio de persona aparece por primera vez en la Biblia en el libro del Génesis 30:12-13:

"Luego Zilpa la sierva de Lea dio a luz otro hijo a Jacob. Y dijo Lea: Para dicha mía; porque las mujeres me dirán dichosa; y llamó su nombre Asher."

Todo cuanto se dice de Asher en las Sagradas Escrituras es siempre bueno. En la profecía de Jacob acerca de sus hijos, leemos así:

"El pan de Asher será sustancioso, y él dará deleites al rey." (Génesis 49:20).

Y en la bendición de Moisés a las tribus de Israel, leemos estas palabras:

"A Asher dijo: Bendito sobre los hijos sea Asher, sea el amado de sus hermanos, y moje en aceite su pie." (Deuteronomio 33:24).

Y en algo tan sencillo, tan concreto y próximo a cada uno de nosotros como es la planta del pie, se nos da la clave para entender qué es la felicidad, la dicha más profunda. Naturalmente, a nosotros, acostumbrados a pensar en las complicadas abstracciones que caracterizan a nuestra cultura bárbara, nos parece imposible que pueda darse alguna relación entre la felicidad y las plantas de nuestros pies. Y, sin embargo, en la mentalidad semítica de los autores del texto bíblico, los pies tiene un simbolismo de gran alcance:

Rut descubre los pies de Booz en la era:

"Y cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta, e irás y descubrirás sus pies, y te acostarás allí." (Rut 3:4).

Job proclama haber ayudado a los tullidos recurriendo a la figura de los pies:

"Yo era ojos al ciego, y pies al cojo:" (Job 29:15).

El Salmista expresa haber vivido santamente diciendo que "su pie ha estado en rectitud." (Salmo 26:12).

Estar atento a las enseñanzas de la Palabra del Señor lo expresa el autor del Salmo 119 diciendo (v.59): "Consideré mis caminos, y volví mis pies a tus testimonios."

Conocido por muchísimos es el texto del Salmo 119:l05: "Lámpara es a mis pies tu palabra."

En el libro de los Proverbios hallamos bastantes textos que aluden a los pies. Se habla de los inicuos, cuyos " pies corren hacia el mal." (Proverbios 1:16). Del hombre depravado se nos dice que "guiña los ojos y habla con los pies." (Proverbios 6:13). De nuestro acceso a la casa del Señor, leemos así: "Cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal." (Eclesiastés 5:1).

Hay muchas otras cosas preciosas que se nos dicen en las Sagradas Escrituras acerca de los pies. Así leemos en dos textos proféticos veterotestamentarios:

"Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!" (Isaías 52:7).

"He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz. Celebra, oh Judá, tus fiestas, cumple tus votos; porque nunca más volverá a pasar por ti el malvado; pereció del todo." (Nahum 1:15).

Pasamos ahora a las páginas del Nuevo Testamento y hallamos el texto del Romanos 10:15, donde el apóstol Pablo cita este último pasaje profético recordando que son hermosos los pies de los anunciadores de la paz, de los proclamadores de las buenas nuevas: "¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!"

En los textos evangélicos podemos ver a las discípulas abrazar los pies del bendito Maestro Jesús y adorarle: "He aquí, Jesús les salió al encuentro, diciendo: ¡Salve! Y ellas, acercándose, abrazaron sus pies, y le adoraron." (Mateo 28:9)... "Entonces María tomó una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, y ungió los pies de Jesús, y los enjugó con sus cabellos, y la casa se llenó del olor del perfume." (Juan 12:3)... Y al propio Señor Jesús le vemos lavar los pies de los discípulos: "Luego puso agua en un lebrillo y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido." (Juan 13:5).

Hablamos mucho del corazón, pero es evidente que los pies ocupan un espacio importante en la simbología bíblica: ASHREI, "feliz", "dichoso", "bienaventurado", de la raíz ASHER, "planta del pie"... ¿Por qué? Porque la dicha, la felicidad, no es algo estático. Porque la felicidad, la dicha, la bienaventuranza, no es una quietud de inactividad y aislamiento, sino "planta del pie", es decir, "avance", "progreso", "relación", "encuentro"... Porque la bienaventuranza es el proseguir siempre adelante, avanzar sin mirar hacia atrás... Porque la bienaventuranza es avanzar y relacionarnos con todos los demás hombres y mujeres con quienes compartimos el camino de la vida, con quienes hemos de aprender a caminar. Lograrlo es ser felices. Pero tengamos presente que hay un solo calzado que nos servirá para recorrer este camino de la vida. Hay un solo calzado que se ajustará perfectamente a nuestros pies y se acomodará a todas las calzadas y caminos, a todos los terrenos y circunstancias; un solo calzado que no nos producirá ni llaga ni hinchazón: Y ese calzado es el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo:

"Calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz." (Efesios 6:15).

Hermanos amados, la felicidad está en la planta de nuestros pies.

Amén.

J.Y.