Comunidad Cristiana Eben-Ezer: Estudios biblicos
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PRIMER CONGRESO DE RED MEDIA, JUEVES 16 DE DICIEMBRE DE 2004
Salón de Congresos C/ Antonia Rodríguez Sacristán, 8, Carabanchel Alto, Madrid.

"LA HORA DE LA VERDAD"

Pr. Joaquín Yebra.

INTRODUCCIÓN:

"La hora de la verdad" es una expresión que apunta al momento en el cual ya no se puede dar marcha atrás.

"La hora de la verdad" es el punto en el cual ya no valen las teorías ni los discursos.

Es el momento de actuar, de entrar en acción...

Y somos muchos quienes estamos convencidos de que esta hora de España y del mundo puede ser la hora decisiva de la verdad para la Iglesia de Jesucristo.

Ahora bien, cuando llega la hora de la verdad, el cirujano tiene que ponerse en pie y acometer la difícil intervención quirúrgica que ha preparado minuciosamente...

El piloto sabe a la hora de la verdad que ya no se encuentra en el simulador aéreo, sino que todos los controles que tiene frente a él son los reales y auténticos de una aeronave con muchas decenas de pasajeros a bordo...

Es como el "punto sin retorno", cuando ya se ha recorrido más de la mitad de la ruta, y se ha consumido más de la mitad del combustible en los depósitos, y ya no se puede dar marcha atrás...

Cuando llega la hora de la verdad, el estudiante sabe que se enfrenta a un examen en el que tendrá que demostrar los conocimientos adquiridos durante muchas horas dedicadas al estudio...

Sin embargo, prepararse para la hora de la verdad, tomando una posición firme y decidida no es algo popular en nuestros días de relativismo creciente.

Para enfrentarse a la hora de la verdad es necesario tener claros absolutos...

Y en estos tiempos que corren no es popular afirmar absolutos respecto a la salvación, la moral y la Santa Palabra de Dios...

Vivimos en un mundo en el que la mayoría sólo quiere que las cosas discurran por el camino más cómodo, en medio de un relativismo hedonista en el que todo vale, nada es ni bueno ni malo, sino que todo depende de cómo uno se siente...

Y finalmente se llama a lo bueno malo, y a lo malo bueno...

No somos ni alarmistas, ni pesimistas, ni catastrofistas, pero no podemos ignorar lo que nos dicen las Sagradas Escrituras:

"Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los día antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre." (Mateo 24:37-39).

"Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado, y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no le destruyese; y no lo hallé." (Ezequiel 22:30).

"Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18:8).

En grandes sectores de la Iglesia de Jesucristo de nuestros días, hay hombres y mujeres que están dudando y haciendo dudar de las grandes verdades de la fe.

La corriente liberal del protestantismo aburguesado y acomodado, filosófico y académicamente pedante, ha llegado a seminarios que todavía son tenidos por "evangélicos", particularmente por parte de hermanos sencillos y fieles en las congregaciones, que ni siquiera sospechan lo que en ellos se enseña, a espaldas de las propias confesiones de fe denominacionales...

Donde se siembra el veneno de la duda en los corazones y mentes de los futuros ministros de la Palabra de Dios...

Hombres que levantaron bandera por la verdad y estandarte por la santidad, niegan hoy las grandes verdades de la Santa Palabra de Dios, a cambio de contemporizar con intelectuales del mundo...

A cambio de sentarse a la mesa de algún dignatario del papismo romano...

O a cambio de algún grado académico que infle un poco más sus desmedidas ansias de reconocimiento mundano.

Pronto, tristemente, contemplaremos en España a quienes defendieron la separación de la Iglesia de Jesucristo y el Estado secular, correr tras el plato de lentejas, en la forma de asignaciones crematísticas con que hacer entrar a la Iglesia del Señor en maridaje con los "herodianos" del momento, sin reparar en la procedencia de esos fondos.

La moralidad poco cuenta, la santidad es concepto anticuado, las normas de justicia no venden, las iglesias se llenan de "líderes", pero faltan siervos y siervas, obreros y obreras, y cada uno hace lo que le parece justo a sus propios ojos...

Vienen a nuestro corazón las tristes palabras con que concluye el libro de Jueces 21:25:

"En estos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía."

Esta es la hora de la verdad...

Estamos en guerra bajo la aparente superficie de una calma chicha...

No es guerra contra carne y sangre...

No es guerra contra terroristas convencionales...

No es guerra contra los pedantes filósofos disfrazados de teólogos...

Es guerra contra "principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes." (Efesios 6:12).

Y la única agencia equipada y preparada para enfrentarse a esas fuerzas es la Iglesia de Jesucristo...

Por eso, el malo -¡Dios le reprenda!- dirige todos sus dardos contra ella...

Pero, ¿dónde está la Iglesia?

¿Dónde están los hombres y mujeres dispuestos a ponerse en pie a la hora de la verdad?

¿Dónde está la voz que clama en el desierto?

¿Dónde están los discípulos dispuestos a negarse a ellos mismos y tomar su cruz cada día para avanzar en pos de Jesús de Nazaret?

¿Dónde están los ministros dispuestos a conocer a Jesucristo fuera de los manuales de teología sistemática, en el poder de su Resurrección, que es el poder del Espíritu Santo?

¿Dónde están los discípulos y discípulas dispuestos a participar de los sufrimientos del Señor, hasta la muerte?

Es el momento de enfrentarnos a la hora de la verdad...

Es el momento de dejar de jugar a ser Iglesia, para "vestirnos de toda la armadura de Dios, para poder resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes." (Efesios 6:13).

Esto es lo que el Bendito demanda de nosotros en esta hora de la verdad:

A) Primeramente, PREPARACIÓN:

No estamos preparados para la batalla por simplemente asistir a los cultos...

Ni por ser religiosos...

Para pelear la batalla de la fe tenemos que vestirnos toda la armadura de Dios...

Y eso implica preparación, es decir, oración, adoración, alabanza, nutrición con la Sagrada Escritura, interpretada a la luz de las enseñanzas de nuestro único Señor y Maestro: Jesucristo...

Esto implica procurar la llenura de la bendita Persona del Espíritu Santo...

De lo contrario no seremos capaces de distinguir entre el Evangelio del Reino y de la Gracia de nuestro Señor Jesucristo y el "otro" evangelio al que se refería el apóstol Pablo:

"Porque estos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras." (2ª Corintios 11:13-15).

Y en 2ª Corintios 11:3-4, el apóstol Pablo añade: "Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de las sincera fidelidad a Cristo. Porque si viene alguno predicando a otro Jesús que el que os hemos predicado, o si recibís otro espíritu que el que habéis recibido, u otro evangelio que el que habéis aceptado, bien lo toleráis."

Pablo nos advierte de la necesidad de preparación para que no toleremos a los predicadores con apariencia de honestidad y justicia, pero que actuarán bajo la dirección de Satanás -¡el Señor le reprenda!- y predicarán "otro evangelio", "otro cristo", y "otro espíritu".

Eso fue lo que aconteció entre los cristianos de Galacia, y así les exhorta y amonesta el apóstol Pablo:

"Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente. No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema." (Gálatas 1:6-8).

Pablo nos advierte contra un falso evangelio, distorsionado, en el que se emplean palabras conocidas y familiares, pero en el que falta el ingrediente por excelencia, por antonomasia: La Cruz de Jesucristo...

Es el mensaje evangélico sin la llamada al arrepentimiento del pecado...

Sin la llamada a la santidad de vida.

Ese es el "otro evangelio", no importa cuán exitoso sea, ni cuantos lo sigan, ni cuán ruidosamente se proclame.

Si la Cruz de Jesucristo no es la puerta por la que han de pasar los pecadores arrepentidos, no importa entonces lo colorido del evento, lo maravillosa que sea la alabanza, lo fenomenal que resulta la megafonía, ni lo atractiva que sea la oratoria del predicador...

Podemos estar seguros de hallarnos frenete al "otro evangelio".

El lenguaje puede sonarnos a cristiano y bíblico, pero si no se predica la Cruz de Cristo, si no se confronta la Cruz del Calvario con el pecado, podemos estar absolutamente seguros de hallarnos ante el "otro evangelio".

¿Por qué? Porque la Cruz de Cristo hace demandas...

Nos demanda morir al pecado y a la carnalidad...

Por eso, cuando se predica la Cruz de Cristo, la mayoría huyen de ella...

Sólo la manada pequeña acude a los pies de Cristo, a los pies de la Cruz.

Los más huyen por el camino ancho, como cuando Jesús nos advirtió del coste de ser discípulos:

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo aquel que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Pues, ¿qué aprovecha al hombre si gana todo el mundo, y se destruye o se pierde a sí mismo? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles." (Lucas 9:23-26).

No podemos predicar la Cruz de Cristo sin la crisis de la Cruz...

Cuando predicamos el Evangelio sin llamar al arrepentimiento, estamos afianzando la causa del pecado y del mal en el mundo.

Recordemos las palabras del Señor a través del profeta Jeremías 23:14, 22:

"Y en los profetas de Jerusalem he visto torpezas; cometían adulterios, andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra... Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de su obras."

El único medio de salvación es la sangre de Cristo, y si nosotros no predicamos la Cruz de Cristo Jesús, nuestras manos se mancharán con la sangre de los perdidos.

Debemos estar preparados para dar testimonio con mansedumbre, pero con absoluta firmeza, de que Jesucristo no derramó su preciosísima sangre en la Cruz del Gólgota solamente para el perdón de nuestras pecados, sino para romper el poder del pecado sobre nuestras vidas.

B) Además de preparación, la hora de la verdad implica también DETERMINACIÓN:

El apóstol Pablo habla de "haberlo acabado todo"...

Debemos estar dispuestos a realizar la tarea hasta el final...

¿Por qué? Porque la preparación sin determinación sólo es teoría sin praxis...

La determinación nos llevará a donde necesitamos estar, aunque todo y todos a nuestro alrededor nos digan que no debemos estar allí.

La determinación hace que nuestra preparación se convierta en nuestro destino.

Por eso, cuando el malo -¡Dios le reprenda!- tienta a nuestro Señor, Jesús responde diciendo: "Escrito está..."

Eso es preparación más determinación.

Eso mismo podemos verlo en las palabras de Jesús a Pedro, cuando el apóstol pretende interferir en el plan divino de la vida del Maestro, y éste le dice: "¡Apártate de mí!"

Y cuando Jesús ora y exclama: "No mi voluntad, sino la tuya sea hecha."

Si la Iglesia es soberana y Jesucristo es Soberano, entonces hay dos soberanos...

Creo que con toda determinación hemos de vivir y proclamar que sólo, única y exclusivamente Jesucristo es Soberano...

La Iglesia es responsable, que es muy distinto, y, por tanto, debe responder de sus actos y de sus decisiones delante de su Señor...

Por eso es de suma importancia reconocer que la Iglesia de Jesucristo no es un super-club, ni un círculo social, ni un centro de entretenimiento, ni una tertulia de amiguetes, ni una ONG con agua bendita...

La Iglesia de Jesucristo es un hospital para almas enfermas...

"Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento", dice Jesús en Mateo 9:12-13.

Cuando la Iglesia pierde la determinación de conducir con humildad y firmeza a las almas enfermas por el pecado, a los pies de Jesucristo, entonces la Iglesia traiciona al Evangelio del Reino y de la Gracia de Dios.

No olvidemos que la Cruz es esencialmente una confrontación con el estilo de vida pecaminoso de los hombres...

Por eso la Cruz de Cristo es escándalo y ofensa para todos aquellos que disfrutan pecando o han racionalizado el pecado justificándolo, haciendo equilibrios malabares con los textos de las Escrituras para hacer decir a la Biblia lo que no dice.

Precisamos santa determinación para amonestar a quienes pretender ser cristianos y vivir al mismo tiempo como si no lo fueran...

Y lo que es peor, llamar a eso "la Gracia de Dios".

Necesitamos determinación para llamar a los cristianos nominales de nuestras iglesias, y de cualquier lugar, a entregar sus pecados a Jesucristo...

No vaya a ser que piensen que van a poder acceder a la gloria venidera de Dios por ningún otro camino que no sea la Cruz de Cristo...

Y cuando Jesús dice "Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida", y "Yo soy la Puerta", Jesús está hablando de la Cruz...

"De cierto, de cierto os digo: El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, ése es ladrón y salteador." (Juan 10:1).

Con santa determinación debemos enseñar que los adúlteros y los fornicarios en las iglesias son quienes enseñan que el arrepentimiento no es necesario, que basta con creer...

Los ladrones y los mentirosos en las iglesias son quienes creen y enseñan a creer que no es necesario el arrepentimiento, que creer es suficiente...

Los envidiosos y los rebeldes en las iglesias son los que predican que no es necesaria la Cruz, que con creer basta...

¿Por qué? Porque para ellos "creer" no comprende, no incluye, el arrepentimiento...

Pero Jesús de Nazaret dice contundentemente:

"Antes si nos arrepentís, todos pereceréis igualmente." (Lucas 13:3).

Los de doble ánimo en las iglesias son quienes dirán que basta con amar, pero lo que verdaderamente quieren decir es que no hay que preocuparse por los pecados...

Sin embargo, con determinación santa hemos de enseñar que cuando el amor pasa por alto a la Cruz de Cristo, ese amor no es el amor de Dios, sino la versión permisiva del mundo.

Jesús no dio su vida para que nos amemos ignorando los mandamientos...

Ni espera de nosotros que le amemos incumpliéndolos:

"Si me amáis, guardad mis mandamientos... el que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama... el que me ama, mi Palabra guardará... Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor... Esto os mando: Que os améis unos a otros." (Juan 14: 15, 21, 23; 15: 10, 17).

Con santa determinación debemos enseñar y recordar en las iglesias que Jesús dio su vida por nuestros pecados y maldades, por nuestras infracciones de la Santa Ley de Dios, por nuestros quebrantamientos de los mandamientos divinos.

Con determinación debemos enseñar y recordar que el camino al cielo no es el amor, entiéndase cualquier versión de amor que se nos antoje, sino la Cruz de Cristo, donde Jesús entregó su vida por amor divino.

Cualquier otra versión de amor sólo será auto-indulgencia y egoísmo...

Una pantomima del verdadero amor de Dios nuestro Señor.


C) En tercer lugar, la hora de la verdad implica también DEDICACIÓN:

En Efesios 6:11, el apóstol Pablo ordena: "Vestíos con toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas (intrigas) del diablo."

Debemos prepararnos, estar decididos, con determinación, con consagración...

No podemos pretender ser cristianos, discípulos de Jesucristo, y no vivir consagrados al cumplimiento de la comisión que define nuestra misión.

La dedicación, la consagración, es la sumisión de nuestra voluntad a la voluntad de Dios.

La dedicación es una afinidad a una causa y a un poder superiores...

La dedicación o consagración debe afirmar nuestros corazones para proclamar valientemente que no podemos seguir a Jesucristo sin cargar con nuestra cruz...

Eso significa que hemos de morir a nuestra vieja manera de vivir, por cuanto las cruces no son sino instrumentos de muerte...

Por eso dice el apóstol Pablo:

"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí." (Gálatas 2:20).

Atrevámonos a proclamar en la hora de la verdad que Jesucristo no dio su vida para que nosotros sigamos viviendo en pecado...

Jesucristo no es una coartada...

Por eso es que la proclamación del Evangelio en esta hora de la verdad ha de ir acompañada siempre por la llamada al arrepentimiento...

Y el arrepentimiento no es algo que nosotros podemos gestar y producir en nuestras vidas, sino que es un don, un regalo, que el Espíritu Santo siembra en nuestros corazones...

Nuestra parte es responder, al igual que a la llamada de la fe...

Dios llama y nosotros respondemos...

Y cuando el arrepentimiento es genuino, no sólo reconocemos la realidad del pecado, sino que constreñidos pedimos y recibimos el perdón, y nos apartamos del pecado por la gracia de Dios derramada en nuestros corazones.

El día malo ya está entre nosotros...

Es el día de la gracia barata...

Es el día en que muchísimos predican olvidando que la salvación tiene que ver con la negación del "yo", no con la afirmación del hombre viejo...

Sin negarnos a nosotros mismos no podemos acercarnos a la verdadera Cruz de Cristo Jesús, para hallar a los pies del Amado Maestro no sólo el perdón sino también la victoria sobre el pecado.

Hasta que un cristiano entiende esto y lo pone en práctica, la vida espiritual de ese cristiano será una secuencia de contradicciones dolorosas por vivir con su corazón dividido...

O lo que puede ser peor todavía: Creerá por autoengaño o mala enseñanza, que tiene lo auténtico, lo verdadero, lo genuino, cuando sólo será apariencia de santidad, pero carecerá del poder espiritual de lo alto.

Cuando el cristiano persiste en afirmarse y en procurar sentirse bien consigo mismo y destacar entre los demás, no sólo no podrá ver el Reino de Dios, sino que el mover del Santo Espíritu Consolador le pasará inadvertido, no importa lo que le digan sus libros y sus "gurúes" favoritos...

La Cruz de Cristo no sólo produjo la muerte de Jesús para resucitar, sino que tiene que producir nuestra muerte para que resucitemos.

A la hora de la verdad nada vale para resistir, para acabarlo todo y estar firmes...

Sólo será eficaz, sólo es eficaz, la armadura de Dios, toda ella..


D) Y eso implica PREPARACIÓN, DETERMINACIÓN Y CONSAGRACIÓN.

PREPARACIÓN, vistiéndonos toda la armadura de Dios...

DETERMINACIÓN, para no dejarnos arrastrar por las corrientes del mundo...

Y CONSAGRACIÓN, DEDICACIÓN, a la voluntad de Dios, a Su bendita Palabra, bajo la efusión del Santo Espíritu de Dios.

¿Qué nos estamos preparando para hacer?

¿Qué estamos decididos a hacer?

¿Cuál y a quién es nuestra dedicación?

¿Estamos dispuestos a resistir frente a la inundación de mundanalidad que arrasa a nuestra sociedad y llama a las puertas de las iglesias?

¿Estamos dispuestos a mantener una posición leal a Cristo y afín a las Sagradas Escrituras, aunque sea impopular?

¿Aunque no sea políticamente correcta?

¿Estamos dispuestos a estar de parte de los bebés aún no nacidos?

¿Estamos dispuestos a estar de parte de la justicia en los tribunales?

¿Estamos dispuestos a estar de parte de la educación en las escuelas y al orden en las calles?

¿Estamos dispuestos a llamar a lo malo malo, y a lo bueno bueno?

¿Somos conscientes de que la Cruz de Cristo es también nuestra cruz... Su muerte es nuestra muerte... y Su Resurrección también la nuestra?

Para eso necesitamos el poder de Dios...

Necesitamos estar llenos del Espíritu Santo de Dios...

Que es "Persona", y no sólo "sello"...

Necesitamos la verdadera renovación en el Espíritu Santo, que es de dentro hacia afuera...

No un simple cambio en la liturgia cristiana, el tipo de música que entonamos y los instrumentos musicales que tocamos, amén de unas cuantas expresiones hechas, estereotipadas y miméticas que, a fuerza de usarse repetidamente, han perdido toda su carga de significado.

De lo contrario vamos a ser un puñado de conejos asustados...


CONCLUSIÓN:

Para la hora de la verdad necesitamos estar "con los lomos ceñidos con el cinturón de la verdad, que es la Persona de Jesucristo... el pecho cubierto por la coraza de justicia, que no es la nuestra, sino la justicia de Cristo Jesús, protegiendo nuestro corazón de deseos impuros... y con los pies calzados con el apresto del Evangelio de la paz, de la paz del Príncipe de paz, que es nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo." (Efesios 6:14-15).

Para enfrentarnos a la hora de la verdad necesitamos "el escudo de la fe, con que podamos apagar todas las flechas envenenadas y los dardos encendidos del maligno; el yelmo de la salvación sobre la cabeza, y la espada del Espíritu Santo, que es la Palabra de Dios." (Efesios 6:16-17).

Vivimos días peligrosos, de modo que es tiempo de ser la Iglesia de Jesucristo, de formar parte de ella...

Si todo lo que pretendemos es construir un edificio de ladrillos, o de mármol costosísimo; si sólo queremos colocar una cruz sobre el tejado; si todo lo que pretendemos edificar es nuestro pequeño "corralito" o "reino de taifas"; entonces no debemos hacerle perder el tiempo al Señor, ni dinero a su pueblo...

Pero si estamos dispuestos a enfrentarnos a la hora de la verdad, entonces es el momento de ocupar nuestro lugar en esta obra...

Y hacerlo apasionadamente...

Aunque nos ridiculicen por apreciar y obedecer a la Palabra de Dios y la perfecta voluntad del Eterno...

Aunque se burlen de nosotros por creer lo que la Santa Palabra de Dios enseña...

Por afirmar el nacimiento virginal de Jesucristo; por afirmar su vida impecable; la historicidad de sus milagros y señales poderosas; su resurrección de entre los muertos; su ascensión a la diestra del Padre; su venida con poder en la bendita Persona del Espíritu Santo, para no dejarnos huérfanos y darnos dones, ministerios y operaciones; su promesa de volver en carne con poder gran gloria al final de los tiempos para recoger a los suyos...

En definitiva, por ser el mismo ayer, y hoy, y por los siglos...

No ha de importarnos que nos ridiculicen por amar al Señor y no estar dispuestos a huir corriendo, para refugiarnos en las filosofías de los hombres...

Porque no estamos dispuestos a cambiar el Evangelio del Reino de Dios, con sus señales y prodigios, por el humanismo cristiano que rinde homenaje al enemigo de las almas, elevando al hombre sin Dios a la medida estándar de todas las cosas.

Si estamos dispuestos a enfrentarnos a la hora de la verdad, entonces es el momento de ocupar nuestro lugar en la obra, en la brecha de la muralla, y hacerlo persistentemente...

Recordemos que la Cruz de Cristo no son bonitas palabras para describir los sufrimientos de nuestro bendito Señor y Salvador en el Calvario, porque el auténtico sentido de la Cruz de Cristo es que Jesús sangró, sufrió y murió para liberar a los esclavos del pecado, a los oprimidos por Satanás -¡Dios le reprenda!- para darnos una nueva naturaleza y una nueva vida en libertad y gozo del Espíritu Santo...

Para romper todas las cadenas, lazos y yugos que esclavizan.

Jesús ha dicho que "si alguno quiere ir en pos de Él, ha de negarse a sí mismo, ha de tomar su cruz cada día y seguirle." (Lucas 9:23).

Si estamos dispuestos a ser Iglesia, su Iglesia, pero no "iglesianos", sino "cristianos", la hora de la verdad no va a ser cuestión de un día de avivamiento de vez en cuando, sino que vamos a tener que hacer de esto nuestra vida cotidiana...

Hermanos amados, el reto del siglo XXI no es cómo traer a la gente a las iglesias, sino cómo conducir a las personas al pie de la Cruz de Jesucristo.

¿De qué serviría llenar las iglesias con hombres y mujeres que nunca han sido confrontados con sus pecados ante la Cruz de Cristo?

¿De qué serviría llenar grandes recintos con música y canto, ruido discotequero y artistas maquillados sobre la plataforma, para inducir a los pecadores a creer que pueden acceder a Dios por un camino distinto a la Cruz de Jesucristo?

¿De qué servirían predicadores con asesores de imagen y atuendo, si ya no tienen la Cruz de Cristo en el Evangelio que predican?

La vida nueva que Jesús nos regala al altísimo precio por Él pagado, no es para algunos momentos de la vida, ni para hacer determinados énfasis, sino para todos y cada uno de los momentos de nuestra existencia...

La Cruz de Cristo es el lugar donde el Espíritu Santo, a la hora de la verdad, diagnostica nuestra verdadera enfermedad: El Pecado.

La Cruz de Cristo es el lugar donde el Santo Consolador recrea nuestros corazones a la imagen y semejanza de Jesús de Nazaret.

En la Cruz de Cristo es donde salen de nuestros corazones los orgullos y las soberbias, los egoísmos y amarguras, los resentimientos y las viejas heridas, y todas las demás actitudes que corrompen el alma.

Si somos fieles al Señor en este hora de la verdad, seguramente que no faltarán quienes prueben nuestra paciencia, pero hemos de estar ahí...

Vendrán las tentaciones, pero nosotros vamos a estar ahí...

Van a confeccionar de nosotros un perfil de personas indeseables, molestas, porque el mundo no quiere oír la voz de Dios, como probablemente nos sucedió a nosotros mismos un día, antes de nuestra conversión...

Pero nosotros vamos a estar ahí, sobre el firme cimiento estable de Jesús de Nazaret.

Y cuando vengas las tormentas, nosotros vamos a permanecer ahí...

Se hundirán reinos y también surgirán otros nuevos reinos, pero nosotros vamos a pertenecer y a permanecer, porque estaremos dedicados al Señor, a su voluntad y a su Palabra.

Y permaneceremos porque si nosotros no lo hacemos, entonces nadie lo hará, y las almas se hundirán en el abismo de la eternidad sin Cristo en el corazón, es decir, sin vida eterna.

Es hora de dejar de jugar a ser Iglesia de Jesucristo...

Es hora de ponernos en pie sobre la Roca de la Eternidad, que es Jesucristo el Señor...

Es hora de prender una lámpara que no se pueda ocultar...

Es hora de proclamar una verdad que no puede ser negada...

Es tiempo de levantarse a servir a Dios con poder, con persistencia y con pasión...

Es tiempo de predicar la Cruz de Cristo, para que nuestro Evangelio no sea "otro evangelio"...

Nuestro privilegio en la hora de la verdad es predicar el Evangelio que prepara a un pueblo santo, dispuesto a encontrarse con un Dios tres veces Santo...

Nuestra gloria es proclamar el Evangelio Eterno, para preparar a un pueblo celoso de buenas obras, para que los hombres alaben a Dios Padre...

A la hora de la verdad, hemos de decidir si deseamos el "otro evangelio", el fácil, ancho, acomodaticio, comprometido con el mundo y sus poderes, de factura humana, a base de un poco de filosofía, otro poquito de psicología y una gotas de pedantería académica, o si queremos el Evangelio de la Cruz del Calvario, donde Jesucristo substituyó al pecador por amor divino... para que nuestra esperanza se edifique solamente en su sangre y su justicia...

Esta es la hora de la verdad.

Amén.